13 de marzo de 2014

Primer Capitulo: White Hot Kiss de Jennifer L. Armentrout

White Hot Kiss
Jennifer L. Armentrout
The Dark Elements #1


Había un demonio en McDonald’s.
Y estaba poderosamente hambriento de Big Macs.
La mayoría de los días, me encantaba mi trabajo después de la escuela. Etiquetar a los desalmados y a los condenados por lo general me daba un desenfrenado caso de satisfacción y relajamiento. Incluso me había impuesto un límite por aburrimiento, pero esta noche era diferente.
Tenía que esquematizar un informe para Inglés Avanzado.
—¿Te vas a comer esas papas fritas? —preguntó Sam mientras tomaba un puñado de mi bandeja. Su rizado cabello castaño cayó sobre sus gafas de montura de alambre—. Gracias.
—Sólo no te tomes su té dulce. —Stacey le dio un manotazo al brazo de Sam y varias papas cayeron al suelo—. Perderás todo el brazo.
Dejé de dar golpecitos con mi pie, pero mantuve los ojos puestos en el intruso. No sé qué había con los demonios y los Arcos Dorados, pero caramba, les encantaba el lugar.
—Ja, ja.
—¿A quién sigues mirando fijamente, Layla? —Stacey se retorció en la cabina, mirando alrededor del atestado antro de comida rápida—. ¿Es un chico sexy? Si es así, es mejor que... Oh. Vaya. ¿Quién sale en público vestido de esa manera?
—¿Qué? —Sam también se volteó—. Ay Dios, vamos, Stacey. ¿A quién le importa? No todo el mundo viste imitaciones de Prada como tú.
Para ellos, el demonio parecía una inofensiva mujer de mediana edad con muy mal sentido de la moda. Su opaco cabello marrón estaba recogido con uno de esos anticuados ganchos tipo mariposa color púrpura. Llevaba pantalones de chándal de terciopelo verde junto con zapatillas color rosa, pero era su suéter lo que era épico. Alguien había tejido un Basset Hound[1] en el frente, sus grandes ojos atontados hechos de hilo marrón.

Pero a pesar de su apariencia monótona, la señora no era humana.
No es que yo tuviese mucho de qué hablar.
Ella era un demonio Poser. Su astronómico apetito era lo que delataba la raza. Los Posers podían comerse el equivalente a los alimentos de una pequeña nación de una sola sentada.
Los Posers podrían verse y actuar como un humano, pero yo sabía que ésta podía arrancarle la cabeza a la persona en la cabina de al lado con poco esfuerzo. Sin embargo su fuerza inhumana no era la amenaza. El verdadero peligro eran los dientes y la saliva infecciosa de los Posers.
Eran mordedores.
Un pequeño mordisco y la versión demoníaca de la rabia era transmitida al humano. Totalmente incurable, y en tres días, el juguete para morder del Poser se parecería a algo salido de una película de George Romero[2], con tendencias caníbales incluidas.
Obviamente, los Posers eran un verdadero problema a menos que consideraras un apocalipsis zombie como algo divertido. Lo único bueno era que los Posers eran raros, y cada vez que uno mordía a alguien, su vida útil se acortaba. Por lo general tenían cerca de siete mordiscos en ellos antes de hacer “puf”. Algo así como una abeja y su aguijón, pero más estúpido.
Los Posers podían parecerse a lo que quisieran. Por qué ésta usaba un atuendo como ese estaba más allá de mi comprensión.
Stacey hizo una mueca cuando la Poser continuó con su tercera hamburguesa. No era consciente de que la observábamos. Los Posers no eran conocidos por sus agudos poderes de observación, sobre todo cuando estaban ensimismados en el principal factor secreto de su grandiosidad.
—Eso es asqueroso. —Stacey se dio la vuelta de nuevo.
—Creo que el suéter es sexy. —Sam sonrió otro bocado de mis patatas fritas—. Oye, Layla, ¿crees que Zayne me dejará entrevistarlo para el periódico de la escuela?
Mis cejas se levantaron.
—¿Por qué quieres entrevistarlo?
Él me dio una mirada de complicidad.
—Para preguntarle cómo es ser un Guardián en D.C.[3], cazando a los malos y llevándolos ante la justicia y todo eso.
Stacey soltó una risita.
—Haces que los Guardianes parezcan superhéroes.
Sam encogió sus huesudos hombros.
—Bueno, en cierto modo lo son. Quiero decir, vamos, tú los has visto.
—No son superhéroes —dije, cayendo en el discurso estándar que había estado dando desde que los Guardianes se hicieron públicos hace diez años. Tras el elevadísimo aumento de la criminalidad que no tenía nada que ver con la crisis económica que enfrentaba el mundo, sino que era más como una señal del Infierno diciendo que ya no querían seguir las reglas, los Alfas les habían ordenado a los Guardianes que salieran de las sombras. Para los seres humanos, los Guardianes habían salido de sus caparazones de piedra. Después de todo, las gárgolas que adornaban muchas iglesias y edificios habían sido talladas para asemejar a un Guardián en su verdadera piel. Más o menos.
Había demasiados demonios en la superficie para que los Guardianes continuaran operando sin exponerse.
—Son personas. Igual que tú, pero...
—Lo sé. —Sam levantó las manos—. Mira, sabes que no soy como esos fanáticos que piensan que ellos son malvados o algo estúpido como eso. Sólo creo que es genial y sería un gran artículo en el periódico. Entonces, ¿qué piensas? ¿Zayne lo haría?
Me moví incómodamente. Vivir con los Guardianes a menudo me convertía en una de dos cosas: una puerta trasera para acceder a ellos, o un bicho raro. Porque todo el mundo, incluyendo mis dos mejores amigos, creía que yo era como ellos. Humana.
—No sé, Sam. No creo que ningún tipo de prensa los haga sentirse cómodos.
Se veía alicaído.
—¿Le preguntarás al menos?
—Por supuesto. —Jugueteé con mi pajilla—. Pero no te hagas ilusiones.
Sam volvió a reclinarse en el duro asiento, satisfecho.
—Entonces, ¿adivinen qué?
—¿Qué? —Stacey suspiró, intercambiando una afligida mirada conmigo—. ¿Con qué pieza de conocimiento al azar vas a impresionarnos?
—¿Sabían que pueden congelar una banana hasta que esté tan dura que en realidad pueden clavar algo con ella?
Bajé mi té dulce.
—¿Cómo sabes estas cosas?
Sam se terminó mis patatas fritas.
—Sólo lo hago.
—Se pasa toda la vida metido en la computadora. —Stacey se apartó los gruesos flequillos negros del rostro. No sé por qué no se los cortaba. Siempre estaba jugando con ellos—. Probablemente busque basura al azar sólo por el gusto de hacerlo.
—Eso es exactamente lo que hago cuando estoy en casa. —Sam enrolló su servilleta—. Busco hechos poco conocidos. Así de genial soy. —Le tiró la servilleta a Stacey en el rostro.
—Retiro lo dicho —dijo Stacey descaradamente—. Es porno lo que te pasas toda la noche buscando.
Los hoyos de las mejillas de Sam se pusieron rojo brillante mientras enderezaba sus gafas.
—Lo que sea. ¿Están listas? Tenemos algo de esquematización que hacer para Inglés.
Stacey gimió.
—No puedo creer que el Sr. Leto no nos dejara hacer nuestro informe de clásicos sobre Crepúsculo. Es un clásico.
Me reí, olvidando momentáneamente el trabajo que tenía que hacer.
—Crepúsculo no es un clásico, Stacey.
—Edward sin duda es un clásico en mi opinión. —Sacó una liga para el cabello de su bolsillo, recogiéndose su cabello largo hasta los hombros—. Y Crepúsculo es mucho más interesante que Sin Novedad En El Frente[4].
Sam negó con la cabeza.
—No puedo creer que hayas usado Crepúsculo y Sin Novedad En El Frente en la misma frase.
Ignorándolo, su mirada saltó de mi rostro a mi comida.
—Layla, ni siquiera has tocado tu hamburguesa.
Quizás de alguna manera había sabido instintivamente que iba a necesitar una razón para quedarme. Suspiré.
—Adelántense. Me reuniré con ustedes en unos pocos minutos.
—¿En serio? —Sam se puso de pie.
—Sí. —Levanté mi hamburguesa—. Llegaré dentro de poco.
Stacey me miró con suspicacia.
—¿No vas a dejarnos plantados como siempre haces?
Me sonrojé por la culpa. Había perdido la cuenta de cuántas veces había tenido que dejarlos plantados.
—No. Lo juro. Sólo voy a comerme mi comida y estaré ahí.
—Vamos. —Sam pasó un brazo alrededor de los hombros de Stacey, guiándola hacia el contenedor de basura—. Para este momento Layla habría terminado de comer si no hubieses hablado con ella todo el tiempo.
—Oh, échame la culpa. —Stacey tiró su basura, despidiéndose con la mano mientras salían.
Volví a dejar la hamburguesa, observando impacientemente a Doña Poser. Los pedazos de pan y de carne caían de su boca, salpicando en la bandeja marrón. Mi apetito había sido masacrado eficazmente en cuestión de segundos. No es que realmente importara. La comida sólo aliviaba el dolor carcomiendo mis entrañas, nunca lo detenía.
Doña Poser finalmente completó su festín de grasa, y agarré mi bolso mientras ella salía sin prisas por la puerta. Se estrelló contra un anciano, atropellándolo justo cuando él trataba de entrar. Vaya. Ésta era una verdadera joya.
Su carcajada podía ser escuchada en el interior del ruidoso restaurante, sonando extremadamente tenue. Afortunadamente algún sujeto ayudó al hombre a levantarse mientras él sacudía su puño hacia el demonio en retirada.
Suspirando, me deshice de mi comida y la seguí afuera a la brisa de finales de septiembre.
Diferentes tonos de almas estaban en todas partes, zumbando alrededor de los cuerpos como un campo eléctrico. Rastros de color rosa pálido y azul turquesa iban tras una pareja caminando de la mano. Ellos tenían almas inocentes, pero no puras.
Todos los seres humanos tenían un alma —una esencia— buena o mala, pero los demonios no portaban tal cosa. Dado que la mayoría de los demonios en la superficie parecían humanos a primera vista, la falta de alma a su alrededor hacía sencillo mi trabajo de encontrarlos y etiquetarlos. Aparte del factor de no tener alma, la única diferencia entre ellos y los seres humanos era la extraña forma en que sus ojos reflejaban la luz como los de un gato.
Doña Poser bajó por la calle arrastrando los pies, cojeando ligeramente. Afuera a la luz natural, ella no lucía bien. Probablemente ya había mordido a unos cuantos humanos, lo que significaba que tenía que ser etiquetada y manejada lo antes posible.
Un panfleto en un poste de luz verde me llamó la atención. Un feroz ceño fruncido y un sentido de actitud protectora me llenaron mientras leía la cosa. Advertencia. Los Guardianes No Son Hijos De Dios. Arrepiéntanse Ahora. El Fin Está Cerca.
Debajo de las palabras estaba una imagen burdamente elaborada de lo que suponía era un coyote rabioso mezclado con un chupacabras.
—Patrocinado por la Iglesia de los Hijos de Dios —dije, rodando mis ojos.
Genial. Odiaba a los fanáticos.
Una cafetería más abajo tenía los panfletos pegados en todas sus ventanas y un cartel proclamando que se negaban a servirles a los Guardianes.
La ira se extendió a través de mí como un incendio fuera de control. Estos idiotas no tenían ni idea de todo lo que los Guardianes sacrificaban por ellos. Respiré hondo, dejando salir el aire lentamente. Tenía que concentrarme en mi Poser en lugar de patear en silencio mis pies mentales en mi pedestal de mentira.
Doña Poser dobló una esquina y miró por encima del hombro, sus ojos vidriosos yendo a la deriva sobre mí, desestimándome en el acto. El demonio en ella no sentía nada anormal en mí.
El demonio en mí tenía prisa por terminar con esto.
Sobre todo después de que mi celular sonó, vibrando contra mi muslo. Probablemente era Stacey preguntando dónde demonios estaba. Sólo quería acabar con esto y volver a ser normal durante el resto de la noche. Sin pensarlo, extendí la mano y halé la cadena alrededor de mi cuello. El antiguo anillo colgando de la cadena de plata se sentía caliente y pesado en mi mano.
Al pasar junto a un grupo de chicos de mi edad, sus miradas me recorrieron, se detuvieron y enseguida volvieron a voltear. Por supuesto que se quedaban mirando. Todo el mundo lo hacía.
Mi cabello era largo. Gran cosa eso, pero era de un rubio tan pálido que casi parecía blanco. Odiaba cuando la gente se quedaba mirando. Me hacían sentir como una albina. Pero eran mis ojos los que realmente llamaban la atención de la gente. Eran de un gris claro, casi faltos de color.
Zayne decía que me parecía a la hermana perdida del elfo en El Señor de los Anillos. Eso te levantaba mucho la confianza. Suspiro.
El anochecer había comenzado a instalarse en la capital del país cuando crucé en la Avenida Rhode Island y me detuve por completo. Todo y todos a mi alrededor desaparecieron en un instante. Allí, en el suave parpadeo de las farolas, vi el alma.
Parecía como si alguien hubiese sumergido un pincel en pintura roja y luego lo hubiese pasado rápidamente sobre un tenue lienzo negro. Este hombre tenía un alma mala. Él no estaba bajo la influencia de un demonio, sino que sencillamente era malo por su cuenta. El dolor sordo en mis entrañas volvió a la vida. Las personas me empujaban para pasar, lanzando miradas molestas en mi dirección. Algunos incluso murmuraban. No me importaba. Ni siquiera me preocupaba por sus almas rosa claro, un color que por lo general encontraba tan bonito.
Finalmente me enfoqué en la figura detrás del alma: un hombre mayor vestido con un traje de negocios genérico y corbata, el asa del maletín agarrada en una mano carnosa. Nada de lo que huir, nada que temer, pero yo sabía que no era así.
Él había pecado a lo grande.
Mis piernas se movieron hacia adelante incluso mientras mi cerebro me gritaba que me detuviera, que diera la vuelta, incluso que llamara a Zayne. Sólo escuchar su voz me haría detenerme. Me impediría hacer lo que cada célula de mi cuerpo me exigía: hacer lo que era casi natural para mí.
El hombre se volteó ligeramente, sus ojos recorriendo mi rostro, mi cuerpo. Su alma se arremolinó violentamente, volviéndose más roja que negra. Él tenía la edad suficiente para ser mi padre y eso era asqueroso, realmente asqueroso.
Me sonrió, sonriendo de una manera que debería haberme enviado huyendo en la dirección opuesta. Tenía que ir en esa dirección, además, porque sin importar cuán despreciable fuese este hombre —sin importar cuántas chicas allá afuera me darían una medalla de oro por eliminarlo— Abbot me había criado para negar al demonio en mi interior. Me había criado para ser una Guardiana, para actuar como una Guardiana.
Pero Abbot no estaba aquí.
Encontré la mirada del hombre, la sostuve y sentí mis labios curvarse en una sonrisa. Mi corazón se aceleró, mi piel se estremeció y se sonrojó. Quería su alma... tan desesperadamente que mi piel quería arrancarse a sí misma de mis huesos. Se sentía como la espera por un beso, cuando tus labios estaban a instantes de la unión, esos emocionantes segundos de anticipación. Pero yo nunca antes había sido besada.
Todo lo que tenía era esto.
El alma de este hombre me llamaba como el canto de una sirena. Me enfermaba estar tan tentada por el mal en su espíritu, pero un alma oscura era tan buena como una pura.
Él sonrió mientras me miraba, sus nudillos volviéndose blancos alrededor del asa del maletín. Y esa sonrisa me hizo pensar en todas las cosas horribles que podía haber hecho para ganarse ese turbulento vacío a su alrededor.
Un codo se clavó en la parte baja de mi espalda. El pequeño punto de dolor no era nada en comparación con la exquisita anticipación. Sólo unos pasos más y su alma estaría tan cerca... justo ahí.Sabía que la primera probada desataría el más dulce fuego imaginable: un subidón para el que no había equivalente. No duraba mucho tiempo, pero los breves momentos de puro éxtasis perduraban como un potente atractivo.
Sus labios ni siquiera tendrían que tocar los míos. Sólo un par de centímetros más o menos, y probaría su alma... nunca tomarla toda. Tomar su alma lo mataría y eso estaba mal, y yo no era...
Esto estaba mal.
Retrocedí de golpe, rompiendo el contacto visual. El dolor explotó en mi estómago, atravesando rápidamente mis extremidades. Alejarme de ese hombre era como negarle el oxígeno a mis pulmones. Mi piel ardía y mi garganta se sentía en carne viva mientras obligaba a una pierna a moverse delante de la otra. Fue una lucha seguir caminando, no pensar en el hombre y encontrar de nuevo a la Poser, pero cuando finalmente la divisé, dejé escapar el aliento que estaba conteniendo. Concentrarme en el demonio al menos servía como una distracción.
La seguí a un estrecho callejón entre una tienda de todo a mil y un lugar de cambio de cheques. Todo lo que tenía que hacer era tocarla, lo cual debería haber hecho allá en McDonald’s. Me detuve a mitad de camino, miré a mi alrededor y luego maldije.
El callejón estaba vacío.
Las bolsas de basura negras bordeaban las paredes de ladrillo cubiertas con moho. Los contenedores de basura se desbordaban con más basura y las criaturas iban corriendo por la grava. Me estremecí, mirando las bolsas con cautela. Lo más probable es que fuesen ratas, pero otras cosas se ocultaban en las sombras: cosas que eran peores que las ratas.
Y condenadamente mucho más espeluznantes.
Me acerqué más, escudriñando el oscurecido callejón mientras distraídamente retorcía el collar entre mis dedos. Ojalá hubiese tenido la previsión de empacar una linterna en mi mochila, pero eso no habría tenido demasiado sentido. En vez de eso esta mañana había metido un nuevo tubo de brillo de labios y una bolsita llena de galletas. Cosas verdaderamente útiles.
Un repentino malestar recorrió mi espina dorsal. Dejé caer el anillo, permitiendo que rebotara contra mi camisa. Algo no estaba bien. Deslicé la mano en el bolsillo delantero de mis pantalones vaqueros, sacando mi destartalado celular mientras me daba la vuelta.
La Poser se encontraba a unos metros de distancia. Cuando sonrió, las arrugas en su rostro agrietaron su piel. Finos trozos de lechuga colgaban de sus dientes amarillos. Tomé aire e inmediatamente deseé no haberlo hecho. Ella olía a azufre y carne podrida.
La Poser ladeó la cabeza hacia un lado, con los ojos entrecerrados. Ningún demonio podía sentirme, porque no tenía suficiente sangre demoníaca fluyendo en mis venas para que pudieran darse cuenta, pero estaba mirándome como si realmente estuviese viendo lo que escondía en mi interior.
Su mirada cayó a mi pecho y luego sus ojos se movieron rápidamente hacia arriba, encontrando los míos. Dejé escapar un grito ahogado de asombro. Sus descoloridos iris azules comenzaron a agitarse como un remolino en torno a pupilas que se retractaban en un punto fino.
La gran mierda. Esta señora no era para nada una Poser.
Su forma onduló y luego se revolvió, como un televisor tratando de reconstruir digitalmente una imagen. El gancho y el cabello opaco desaparecieron. La piel arrugada se alisó y se tornó del color de la cera. El cuerpo se estiró y se amplió. Los pantalones de chándal y el horrible suéter desaparecieron y fueron reemplazados por pantalones de cuero y un pecho ancho y musculoso. Los ojos eran de forma ovalada y se agitaban como un mar infinito: sin pupilas. La nariz era plana, en realidad sólo dos agujeros por encima de una ancha boca cruel.
La grandísima doble mierda.
Era un demonio Seeker. Sólo había visto uno en los antiguos libros que Abbot guardaba en su estudio. Los Seekers eran como los Indiana Jones del mundo de los demonios, capaces de localizar y recuperar casi cualquier cosa tras la cual los enviara su encargado. A diferencia de Indy, sin embargo, los Seekers eran malos y agresivos.
El Seeker sonrió, dejando al descubierto una boca llena de afilados dientes retorcidos.
—Te tengo.
¿Te tengo? ¿Tengo qué? ¿A mí?
Se abalanzó hacia mí y me lancé a un lado, el miedo elevándose tan rápido que mis palmas se salpicaron de sudor cuando le toqué el brazo. Explosiones de luz de neón brillaron alrededor del cuerpo del Seeker, convirtiéndolo en nada más que un borrón de color rosa. Él no reaccionó a la etiqueta. Nunca lo hacían. Sólo los Guardianes podían ver la marca que yo dejaba atrás.
El Seeker agarró un puñado de mi cabello, torciendo mi cabeza hacia un lado mientras agarraba el frente de mi camisa. Mi celular resbaló de mi mano, golpeando en el suelo. Una sensación punzante se disparó por mi cuello, sobre los hombros.
El pánico me inundó como si una presa se hubiese reventado, pero el instinto me impulsó a la acción. Me había pasado todas las noches entrenando con Zayne cómo patear. Etiquetar demonios podía ponerse peliagudo de vez en cuando, y aunque yo no tenía sigilosas habilidades ninja, no había manera en el jodido infierno que fuese a perder sin luchar.
Irguiéndome, llevé mi pierna hacia arriba y planté mi rodilla derecha donde contaba. Gracias a Dios los demonios eran anatómicamente correctos. El Seeker gruñó y se echó hacia atrás, arrancándome varios mechones de cabello. Un abrasador hormigueo ardió a través de mi cuero cabelludo.
A diferencia de otros Guardianes, no podía mudar mi piel humana y patear traseros a lo grande, pero los tirones de pelo encendían mi interruptor de cabrona rápidamente.
La agonía explotó a lo largo de mis nudillos mientras la cabeza del Seeker se sacudía hacia un lado cuando mi puño cerrado lo golpeó en la mandíbula. No fue un golpe afeminado. Zayne estaría muy orgulloso.
Lentamente, el demonio volteó la cabeza hacia mí.
—Me gustó eso. Hazlo de nuevo.
Mis ojos se ensancharon.
Eso me abrumó, y supe que iba a morir. Sería desgarrada por un demonio o, peor aún, sacada a través de uno de los muchos portales escondidos por toda la ciudad y llevada abajo. Cuando la gente inexplicablemente desaparecía en el aire, por lo general era porque tenían un nuevo código postal. Algo así como 666, y la muerte sería una bendición en comparación con ese tipo de viaje. Me preparé para el impacto.
—Basta.
Ambos nos congelamos en respuesta a la profunda voz desconocida exudando autoridad. El Seeker respondió primero, dando un paso a un lado. Dándome la vuelta, lo vi a él.
El recién llegado medía más de un metro ochenta, tan alto como cualquier Guardián. Tenía el cabello oscuro, del color de la obsidiana, y tendía a azul en la luz tenue. Perezosos mechones se deslizaban sobre su frente y se curvaban justo por debajo de sus orejas. Sus cejas se arqueaban sobre ojos dorados y sus pómulos eran anchos y altos. Él era atractivo. Muy atractivo. Alucinantemente hermoso, en realidad, pero la irónica mueca en sus labios carnosos enfriaba su belleza. La camiseta negra se extendía a través de su pecho y su vientre plano. Un enorme tatuaje de una serpiente se enroscaba alrededor de su antebrazo, la cola desapareciendo bajo la manga y la cabeza en forma de diamante se apoyaba en la parte superior de su mano. Parecía de mi edad. Completo material de enamoramiento... si no fuese por el hecho de que no tenía alma.
Trastabillé un paso hacia atrás. ¿Qué era peor que un demonio? Dos demonios. Mis rodillas temblaban tanto que pensé que podría caer de bruces en el callejón. Un etiquetado nunca antes había salido tan horriblemente mal. Estaba tan jodida que ni siquiera era gracioso.
—No deberías intervenir en esto —dijo el demonio Seeker, y sus manos se cerraron en puños.
El chico nuevo dio un paso hacia adelante sin hacer ruido.
—Y tú deberías besarme el culo. ¿Qué te parece?
Uh...
El Seeker se quedó muy quieto, con la respiración agitada. La tensión se convirtió en una cuarta entidad en el callejón. Di otro paso atrás, con la esperanza de hacer una escapada sin problemas. Estos dos estaban tan obviamente en desacuerdo el uno con el otro y no quería quedar atrapada en el medio de esto. Cuando dos demonios se atacaban, eran conocidos por derribar edificios enteros. ¿Cimientos defectuosos o material para techado deficiente? Sí, claro. Más como un épico combate demoniaco a muerte.
Dos pasos a la derecha y podría...
La mirada del chico se estrelló contra mí. Inspiré de golpe, pasmada por la intensidad de su mirada. La correa de mi mochila cayó de entre mis débiles dedos. Sus ojos bajaron, sus gruesas pestañas abanicando sus mejillas. Una pequeña sonrisa tiró de sus labios, y cuando habló, su voz fue suave, pero profunda y poderosa.
—En qué aprieto te has metido tú misma.
No sabía qué raza de demonio era, pero por la forma en que él permanecía allí parado como si hubiese creado la palabra poder, supuse que no era un demonio menor como el Seeker o un Poser. Oh, no, lo más probable es que fuese un demonio de Nivel Superior: un Duque o un Regente Infernal. Sólo los Guardianes lidiaban con ellos, y eso por lo general terminaba en un lío sangriento.
Mi corazón se lanzó contra mi caja torácica. Tenía que salir de aquí y rápido. De ninguna manera iba a meterme en un mano a mano con un demonio de Nivel Superior. Mis míseras habilidades me asegurarían una patada de trasero para recordar. Y el demonio Seeker se enojaba más a cada segundo, abriendo y cerrando sus carnosos puños. Las cosas estaban a punto de explotar y explotar con fuerza.
Agarrando mi mochila, la sostuve frente a mí como el escudo más patético de la historia. Por otra parte, no había una cosa en este mundo aparte de un Guardián que pudiera detener a un demonio de Nivel Superior.
—Espera —dijo—. No salgas corriendo todavía.
—No pienses en acercarte más —le advertí.
—No se me ocurriría hacer nada que no quieras que haga.
Ignorando lo que eso significaba, continué rodeando lentamente al demonio Seeker y alejándome hacia la boca del callejón que parecía tan increíblemente lejos.

—De todas maneras estás huyendo. —El demonio Nivel Superior suspiró—. Incluso después de que te pedí que no lo hicieras, y creo que fui realmente amable al respecto. —Miró al Seeker, frunciendo el ceño—. ¿No fui amable?
El Seeker gruñó.
—Sin ofender, pero no me importa lo amable que seas. Estás interrumpiendo mi trabajo, pedazo de imbécil.
Trastabillé con el insulto. Aparte del hecho de que el Seeker le estaba hablando a un demonio de Nivel Superior de esa manera, era una cosa tan... humana que decir.
—Ya sabes lo que dicen —respondió el otro demonio—. Palos y piedras pueden romper tus huesos, pero yo voy a derribarte.
Al diablo con esto. Si regresaba a la calle principal, podría perderlos a ambos. No podían atacar en frente de los humanos: reglas y demás. Bueno, si es que estos dos iban a seguir las reglas, lo que parecía dudoso. Me di media vuelta, corriendo hacia la entrada del callejón.
No llegué muy lejos.
El Seeker me impactó como un jodido defensa de la NFL, golpeándome contra un contenedor de basura. Manchas negras oscurecieron mi visión. Algo chirriante y peludo cayó sobre mi cabeza. Chillando como una banshee, extendí la mano y agarré el cuerpo que se retorcía. Pequeñas garras se enredaron en mi cabello. A dos segundos de una apoplejía, arranqué la rata de mi cabello y la arrojé sobre las bolsas de basura. Ésta chirrió al rebotar, luego se ocultó en una grieta en la pared.
Con un gruñido bajo, el demonio de Nivel Superior apareció detrás del Seeker, agarrándolo por el cuello. Un segundo más tarde, tenía al Seeker colgando a varios metros del suelo.
—Ahora, eso no fue muy amable —dijo en voz baja y amenazadora.
Dando la vuelta, lanzó al Seeker como un saquito de granos. El Seeker se estrelló contra la pared de enfrente, golpeando el suelo de rodillas. El demonio de Nivel Superior levantó el brazo... y el tatuaje de serpiente se levantó de su piel, rompiéndose en mil puntos negros. Flotaron en el aire entre él y el Seeker, colgaron por un segundo, y luego cayeron al suelo. Los puntos rezumaban entre sí, formando una gruesa masa negra.
No... no una masa, sino una jodida serpiente enorme de por lo menos unos tres metros de largo y tan ancha como yo. Me puse en pie de un salto, ignorando la ola de vértigo.
La cosa giró hacia mí, levantándose a media altura. Sus ojos ardían de un rojo profano.
Un grito quedó atrapado en mi garganta.
—No tengas miedo de Bambi —dijo el demonio—. Ella sólo tiene curiosidad y quizá un poco de hambre.
¿La cosa se llamaba Bambi?
Oh, Dios mío, la cosa ​​me mira fijamente como si quisiera comerme.
La... la serpiente gigante no trató de hacerme su merienda. Cuando se volteó de nuevo hacia el Seeker, casi me caí de alivio. Pero luego salió disparada a través del pequeño espacio, elevándose hasta que su monstruosa cabeza se cernía sobre el petrificado demonio menor. La serpiente abrió su boca, revelando dos colmillos del tamaño de mi mano y, más allá de ellos, un ancho agujero negro.
—Bueno —murmuró el demonio, sonriendo con suficiencia—. Tal vez está muy hambrienta.
Lo tomé como mi señal para abandonar el callejón.
—¡Espera! —gritó el demonio, y cuando no me detuve sino que corrí más rápido de lo que nunca antes lo había hecho, su maldición hizo eco en mi cabeza.
Crucé las avenidas bordeando Dupont Circle, pasando la tienda en la que había planeado reunirme con Stacey y Sam. Sólo cuando llegué al lugar donde Morris, nuestro chofer y cerca de una docena de otras cosas, me recogería me detuve para respirar.
Las almas suavemente coloreadas palpitaban a mi alrededor, pero no les presté atención. Entumecida hasta la médula, me senté en un banco junto a la acera. Me sentía mal, rara. ¿Qué demonios acababa de pasar? Todo lo que había querido hacer era esquematizar Sin Novedad En El Frente esta noche. No casi devorar un alma, por poco ser asesinada, conocer a mi primer demonio de Nivel Superior o ver a un tatuaje convertido en una anaconda por el amor de Dios.
Le eché un vistazo a mi mano vacía.
O perder mi teléfono.
Mierda.

Gracias a Bookzinga

2 comentarios:

  1. Oh por el ángel ya lo quiero leer completo

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  2. donde lo puedo conseguir completo y en español???

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