5 de abril de 2013

Prologo: Walking Disaster de Jamie McGuire



Incluso con el sudor en su frente y el salto en su respiración, no parecía enferma. Su piel no tenía el resplandor melocotón al que estaba acostumbrado, y sus ojos no eran tan brillantes, pero todavía era hermosa. La mujer más hermosa que jamás vería.

Su mano se dejó caer de la cama y su dedo tembló. Mis ojos se mueven desde sus frágiles y amarillas uñas, a su delgado brazo, por su hombro huesudo, finalmente fijándome en sus ojos. Me estaba mirando, sus párpados abiertos en dos rendijas, sólo lo suficiente para hacerme saber que ella sabía que yo estaba ahí. Eso es lo que amaba de ella. Cuando me miraba, realmente me veía. No miraba más allá de mi a las otras docenas de cosas que necesitaba hacer con su día, o desconectarse de mis estúpidas historias. Ella escuchaba, y eso la hacía realmente feliz. Todos los demás parecían asentir sin escuchar, pero ella no. Ella jamás.

—Travis —dijo, su voz ronca. Se aclaró la garganta, y las esquinas de su boca se alzaron—. Ven aquí, bebé. Está bien. Ven.


Papá puso un par de dedos en mi nuca y me empujó hacia adelante mientras escucha a la enfermera. Papá la llamó Becky. Llegó a la casa por primera vez hace unos días. Sus palabras eran suaves y sus ojos eran un poco agradables, pero no me gustó Becky. No puedo explicarlo, pero ella estando ahí me asustaba. Sabía que pudo haber estado ahí para ayudar, pero no era algo bueno, a pesar de que mi papá está de acuerdo con ella.

El empujoncito de papá me llevó varios pasos al frente, lo suficientemente cerca de mamá que podía tocarme. Estiró sus largos y elegantes dedos y acarició mi brazo. —Está bien, Travis —susurra—. Mami quiere decirte algo.

Metí mi dedo en boca y lo empujé alrededor de mis encías, poniéndome inquieto. Asentir hizo que su pequeña sonrisa creciera, así que me aseguré de hacer grandes movimientos con mi cabeza mientras di un paso hacia su cara.

Usó lo que quedaba de su fuerza para deslizarse más cerca de mi, y luego tomó un respiro. —Lo que voy a pedirte será muy duro, hijo. Sé que lo puedes hacer, porque ahora eres un niño grande.

Asentí de nuevo, haciéndola sonreír, incluso si no lo decía en serio. Sonreír cuando ella se veía tan cansada e incómoda no se siente bien, pero ser valiente la hacía feliz. Así que fui valiente.

—Travis, necesito que escuches lo que voy a decir, y aun más importante, necesito que lo recuerdes. Esto será muy difícil. He estado tratando de recordar cosas de cuando tenía tres años, y yo.... —Su voz se desvaneció, el dolor muy grande por un momento.

—¿El dolor se está poniendo inmanejable, Diane? —dice Becky, empujando una aguja en la intravenosa de mamá.

Después de unos momentos, mami se relajó. Tomó otro respiro y lo intentó de nuevo.

—¿Puedes hacer eso por mami? ¿Puedes recordar lo que voy a decir? —Asentí de nuevo, y ella levantó una mano a mi mejilla. Su piel no era muy cálida, y sólo pudo mantener su mano por unos segundos antes de que se pusiera temblorosa y cayó a la cama—. En primer lugar, está bien estar triste. Está bien sentir cosas. Recuerda eso. Segundo, se un niño tanto como puedas. Juega, Travis. Se tonto. —Sus ojos le restan importancia—. Y tí y tus hermanos cuídense los unos a los otros, y a tu padre. Incluso cuando crezcan y se vayan a otro lugar, es importante volver a casa. ¿De acuerdo?

Mi cabeza se balanceó de arriba abajo, desesperado por complacerla.

—Uno de estos días, te enamorarás, hijo. No te conformes con cualquier persona. Elige a la chica que no sea fácil, una por la que tengas que luchar, y después nunca dejes de pelear. Nunca... —Toma un suspiro profundo—, dejes de luchar por lo que quieres. Y nunca... —Frunció el ceño—, olvides que mami te ama. Incluso si no puedes verme. —Una lágrima cayó por su mejilla—. Siempre,siempre te amaré.

Tomó una respiración entrecortada y luego tosió.

—De acuerdo —dijo Becky, pegando una cosa de aspecto gracioso en sus oídos. Mantuvo el otro extremo en el pecho de mami—. Hora de descansar.

—No hay tiempo —susurró mami.

Becky miró a mi papá. —Nos estamos acercando, señor Maddox. Probablemente debería traer al resto de los chicos para decir adiós.

Los labios de papá hicieron una dura línea, y sacudió su cabeza. —No estoy listo. —Se atragantó.

—Nunca estarás listo para perder a tu esposa, Jim. Pero no quieres dejarla ir sin que los chicos le digan adiós.

Papá pensó por un minuto, se limpió la nariz con su manda, y luego asintió. Salió con fuertes pisadas de la habitación, como si estuviera enojado.

Miré a mami, la observé tratando de respirar, y vi a Becky comprobando los números en la caja junto a ella. Toqué la muñeca de mamá. Los ojos de Becky parecían saber algo que yo no, y eso hizo que mi estómago se sintiera enfermo.

—Sabes, Travis —dijo Becky, inclinándose para que pudiera mirarme a los ojos—, la medicina que le estoy dando a tu mamá la hará dormir, pero a pesar de que está durmiendo, aun puede oírte. Todavía puedes decirle a mami que la amas y que la extrañarás, y ella escuchará todo lo que digas.

Miré a mami, pero rápidamente negué con mi cabeza. —No quiero perderla.

Becky puso su suave y cálida mano en mi hombre, justo como mami solía hacerlo cuando estaba enojado. —Tu mamá quiere estar aquí contigo. Quiere mucho eso. Pero Jesús la quiere con él en este momento.

Fruncí el ceño. —Yo la necesito más que Jesús.

Becky sonrió, y luego besó la cima de mi cabello.

Papá tocó en la puerta y la abrió. Mis hermanos se agruparon alrededor de él en el pasillo, y Becky me condujo de la mano para unirme a ellos.

Los ojos de Trenton no dejaron la cama de mami, y Taylor y Tyler miraron a todos lado, excepto a la cama. Me hizo sentir mejor de alguna manera que todos parecían tan asustados como yo.

Thomas estaba de pie junto a mi, un poco más adelante, como la vez que me protegió cuando jugábamos en el patio delantero y los chicos del vecindario trataron de buscar pelea con Tyler. —Ella no se ve bien —dijo Thomas.

Papá se aclaró la garganta. —Mamá ha estado realmente enferma durante mucho tiempo, chicos, y es tiempo para ella... es momento de que ella... —Su voz se fue apagando poco a poco.

Becky ofreció una pequeña y simpática sonrisa. —Su mamá no ha estado comiendo o tomando algo. Su cuerpo se está yendo. Esto será muy difícil, pero es un buen momento para que le digan a su madre que la aman, y la extrañarán, y eso está bien para que ella se vaya. Necesita saber que eso está bien.

Mis hermanos asintieron al unísono. Todos, excepto yo. No estaba bien. No quería que se fuera. No me importaba si Jesús la quería o no. Ella era mi mami. Él podría tomar a una mami mayor. Una que no tuviera niños pequeños que cuidar. Traté de recordar todo lo que me dijo. Traté de pegarlo dentro de mi cabeza: Juega. Visita a papá. Pelea por lo que amo. Esa última cosa me molestaba. Amaba a mami, pero no sabía cómo luchar por ella.

Becky se inclinó hacia el oído de mi papá. Él negó con la cabeza, y después asintió hacia mis hermanos. —De acuerdo, chicos. Vamos a decir adiós, y luego tienes que meter a tus hermanos en la cama, Thomas. No necesitan estar aquí para lo demás.

—Si, señor —dijo Thomas. Sabía que estaba fingiendo una cara valiente. Sus ojos estaban tan tristes como los míos.

Thomas habló con ella por un rato, luego Taylor y Tyler le susurraron cosas en cada uno de sus oídos. Trenton lloró y la abrazó por mucho tiempo. Todos le dijeron que estaba bien para ella dejarnos. Todos menos yo. Mami no respondió a nada esta vez.

Thomas tiró de mi mano, sacándome de su dormitorio. Caminé hacia atrás hasta que estuvimos en el pasillo. Traté de fingir que ella sólo iba a dormir, pero mi cabeza se puso difusa. Thomas me cargó y me llevó por las escaleras. Sus pies subieron más rápido cuando los lamentos de papá llegaron a través de las paredes.

—¿Qué te dijo a ti? —preguntó Thomas, encendiendo el grifo de la bañera.

No respondí. Lo escuché preguntar, y recordé como ella me dijo que lo hiciera, pero mis lágrimas no funcionarían y mi boca tampoco.

Thomas sacó la camisa sucia por encima de mi cabeza y mis pantalones cortos y mis calzoncillos de Thomas el Tren al suelo. —Es hora de entrar a la bañera, pequeño. —Me levantó del suelo y me sentó en el agua tibia, empapando la esponja y apretándola desde arriba de mi cabeza. No parpadeé. Ni siquiera traté de quitar el agua de mi cara, aun y cuando odiaba eso.

—Ayer, mamá me dijo que cuidara de ti y de los gemelos, y cuidar de papá. —Thomas cruzó sus manos en el borde de la bañera y apoyó su barbilla sobre ellas, mirándome—. Así que eso es lo que haré, Trav, ¿de acuerdo? Voy a cuidar de ti. Así que no te preocupes. Extrañaremos a mamá juntos, pero no te estés asustado. Me aseguraré de que todo esté bien. Lo prometo.

Quería asentir, o abrazarlo, pero nada funcionó. A pesar de que debería haber estado luchando por ella, yo estaba en el segundo piso, en una bañera llena de agua, inmóvil como una estatua. Ya la había defraudado. Le prometí en el fondo de mi cabeza que haría todas las cosas que me había dicho tan pronto como mi cuerpo volviera a funcionar. Cuando la tristeza se fuera, siempre jugaría y siempre pelearía. Duro.

2 comentarios:

  1. Hola, me gustaria saber de donde sacas estas partes del libro, y donde lo puedo leer, gacias, me encaaaaanta tu blog, te felicito

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  2. donde dice "Gracias a :3" a click en ese enlase y te llevara al foro que traduce el libro!

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