30 de diciembre de 2012

Primer Capitulo: Providence de Jamie McGuire

Perdido y encontrado
La hija promedio respeta a su padre. Podría considerarlo como su héroe, o ponerlo tan alto en un pedestal que ningún otro objeto de su afecto nunca se podría comparar a él. Para mí, mi padre merecía más que respeto, o lealtad o incluso amor. Tenía reverencia hacia él. Era más que Superman, él era Dios.

Uno de mis primeros recuerdos era el de 2 hombres encogiéndose del miedo en la oficina de mi padre mientras él hablaba palabras que no entendía. Siempre su veredicto era final y nunca se discutía. Ni la muerte podía tocarlo. Cuando contesté mi teléfono el 14 de diciembre, esa realidad llegó a su fin.
- “Nina”, suspiró mi madre, “él no tiene mucho tiempo. Deberías venir ahora.”

Coloqué el teléfono en la cama a mi lado, con cuidado para evitar que mis manos temblaran demasiado que se pudiera caer al suelo. Las pasadas semanas habían sido un universo paralelo para mí, mientras había estado enfrentando una horrible llamada tras otra. La primera fue de una enfermera del hospital informándome del accidente automovilístico de mi padre. Mi numero era el más reciente marcado en su teléfono celular, dejándome con la horrible tarea de ser quien le notificara a mi madre la terrible noticia.

En sus últimos días, cuando los informes de no mejoría fueron reemplazados por la gentil sugerencia de preparase para lo inevitable, estaba agradecida de estar al recibir las mismas. Se sentía extraño, caminar a través del cuarto y tomar mi abrigo y llaves. Esa tarea se veía muy mundana para ser el comienzo del viaje de la despedida de mi padre. Me lamente de la ordinaria vida que parecía tan distante mientras caminaba a mi auto y lo encendía.

Mi padre había llegado a la cima de la industria del transporte marítimo gobernando con mano de hierro, pero yo conocía su lado dulce. El hombre que dejaba reuniones importantes para contestar mis llamadas triviales, besaba mis rasguños y re-escribió los cuentos de hadas donde la princesa siempre era salvada por el príncipe. Ahora él estaba indefenso en su cama, desapareciendo en el gran dormitorio que compartía con mi madre.

Agatha, nuestra ama de llaves, me recibió en la entrada.
- “Tu mamá te espera, amor. Es mejor que vayas arriba.”
Agatha tomó mi abrigo, y luego subí las escaleras sintiendo que la bilis subía más alto en mi garganta con cada paso que daba. Su enfermera privada pasó junto a mi cuando entre al cuarto y me estremecí al verlo. Su rostro era amarillento con una capa fina de sudor, y su usual mandíbula afeitada era oscura con barba que cubría sus labios resecos.

Mi madre hablaba, le hablaba con palabras suaves y confortantes mientras su pecho subía y bajaba con cada respiración trabajosa. Los apagados tonos y los zumbidos de las bombas y monitores eran la música de fondo para mi peor pesadilla. Como las demás ocasiones que visite a mi padre después del accidente, mis piernas se transformaban en profundas raíces que atravesaban mis zapatos y se hundían en el piso de madera. No podía ir hacia el frente o retroceder.
Mi madre me miró con una pena agotadora en sus ojos.
- “Nina,” me llamó. – “querida, ven”.

Alzó su mano para hacerme ir hacia delante pero mis pies no se podían mover. Ella suspiró comprendiendo y caminó hacia mi, con su brazo extendido frente a ella. No podía quitar mis ojos de los débiles intentos de mi padre para respirar, mientras puso sus manos sobre cada uno de mis hombros para llevarme hacia delante. Después de varios reacios pasos, me detuve.
- “Lo sé,” murmuró ella.

Despegando mis zapatos del suelo, dejé que me guiara a su lado. Mi primer instinto fue ayudarlo pero la única cosa que se podía hacer era esperar que su sufrimiento terminara.
- “Jack, querido,” dijo mi madre en un tono suave. – “Nina esta aquí.”
Después de verlo luchar para recuperar suficiente aliento, me incliné hacia abajo para susurrarle al oído.
- “Estoy aquí, papi.”
Su aliento saltó un poco y murmuró algo inaudible.

- “No trates de hablar. Solo descansa.” Mis temblorosos dedos alcanzaron su mano. – “Me quedaré contigo.”
- “Cynthia?” el abogado de mi padre y amigo, Thomas Rosen, llamó a mi madre de la esquina trasera de la habitación.
Con una dolorosa expresión miró hacia mi padre, me aferró a su pecho por un momento, y luego calladamente caminó hacia Thomas. Sus voces se convirtieron una no alta corriente de murmullos parecidas a las maquinas de mi padre.

El aspiró otra bocanada de aire mientras yo tiernamente retiraba su cabello de sal y pimienta de su mojadas cejas.
- “Neen….” Él tragó, “Nina”.
Mis ojos se dirigieron hacia mi madre, que estaba en una conversación silente, buscando en su rostro alguna señal de esperanza. Viendo la tristeza de sus ojos, miré de vuelta a mi padre y me preparé para decirle adiós.
- “Papi,” comencé, pero las palabras comenzaron a fallarme. Mis ojos se cerraron con el impulso de aliviar su sufrimiento.
Un aliento entrecortado se escapo de mi pecho y comencé nuevamente. – “Debería decirte que está bien….que no tienes que quedarte conmigo pero no puedo.”

Su respiración disminuyó. Él estaba escuchándome.
- “Yo no quiero ser la que te deje ir, papi. Quiero que te mejores. Pero, se que estas cansado. Si quieres dormir, yo estaré bien.”
Las comisuras de sus labios temblaban mientras intentaban subir. Mi boca sonrió mientras mi rostro se arrugaba.
- “Te extrañaré, papi. Te voy a extrañar muchísimo.”
Yo aspire otra bocanada de aire y él hizo lo mismo. Pero la de él era diferente esta vez. No había más lucha dentro de él.


Miré a mi madre, quien me miraba con los ojos llenos de lágrimas. Él tomó otra respiración profunda y exhaló despacio. Su vida se escapó con el ultimo oxigeno que tenia en sus pulmones. El sonido me recordó a una llanta perdiendo aire, suave y nivelado hasta que no quedaba nada más. Su cuerpo estaba relajado y sus ojos se volvieron vacios y desenfocados.

La enfermera silenció el tono fijo del monitor del Corazón mientras yo miraba su pacifico rostro. La realización de que mi padre se había ido se apoderó de mí en oleadas. Se torcieron mis entrañas, y mis brazos y piernas se sentían extraños, como si ya no me pertenecieran. Asentí y sonreí, ignorando las lágrimas que bajaban por mis mejillas. El confió en mis palabras, y se dejó ir.

Thomas tocó mi hombre y se movió a la cabecera de la cama. Él alargó el brazo para colocar su mano sobre los ojos de mi padre, y murmuró algo precioso en hebreo. Me incliné sobre el pecho de mi padre y lo abracé. Por primera vez en mi vida, él no me abrazó devuelta.

Miré hacia mis manos, I recorrí la esquela del funeral.
Separadas por un guión, las fechas de nacimiento y muerte de mi padre estaban mostradas con una letra elegante en la cubierta. Hice una mueca reconociendo que esa corta línea de tinta significaba su vida. El papel encajaba cómodamente en el bolsillo interno de mi abrigo al igual que las olas que hacían las ruedas del autobús que se acercaba, deteniéndose suavemente frente a mí.

La puerta abrió pero yo no miré. Los sonidos de los pasajeros saliendo hacia la acera nunca llegaron. Mis vecinos tenían poca necesidad de transportación pública en especial tan tarde en la noche. Aquellos pocos que lo utilizaban eran el personal de servicio que trabajaba en las colosales residencias cercanas.

- “¿Señorita?”

El conductor de autobús se aclaró la garganta para llamar mi atención, cuando no le presté atención, la puerta cerró inmediato. Los frenos de aire se liberaron y el autobús se alejó lentamente de la acera. Traté de no pensar en el día que había tenido, pero mi memoria estaba saturada de ello.


Tal como hacía en mi infancia, comencé a mecerme para consolarme a mí misma. El color melocotón cálido de mis dedos había desaparecido hacia mucho, recordándome las manos cruzadas de mi padre en el ataúd. Un soplo de aire frio inundo mis pulmones dando paso al sollozo que había salido a la superficie. Pensé un momento antes que mis ojos ya no podrían llorar más, y me pregunte cuanto más tendría que soportar antes de que mi cuerpo estuviese demasiado exhausto para continuar.
- “Noche fria, eh?”
Me sorberse la nariz y lancé una mirada de molestia al hombre que estaba a mi lado. No le había escuchado acercarse. Él soplo sobre sus manos, frotándolas y ofreciendo una sonrisa tranquilizadora.
- “Supongo” contesté.
Él miró su reloj y suspiró. – “Maldita sea,” murmuró en voz baja.
- “Supongo que perdimos el ultimo autobús.”

Él sacó su teléfono celular del bolsillo de su abrigo negro de motociclista. Saludó alguien y luego solicitó un taxi.
- “¿Quiere compartir un taxi?” él preguntó.
Lo miré, sospechando inmediatamente. Sus ojos azul-gris se estrecharon y levantó una ceja al ver mi expresión. Debo haberle mirado como un maniaco, y ahora estaba reconsiderando su oferta.

Me crucé de brazos, sintiendo de repente la incomodidad del invierno a través de mi abrigo, filtrándose en mi piel, perforándome los huesos. Tenía que volver a la escuela; tenía que hacer un trabajo.
- “Si, gracias,” respondí con voz temblorosa.
Después de un incomodo momento de silencio, el hombre habló otra vez.
- “¿Trabaja por aquí cerca?”
- “No.” Dude en continuar la conversación, pero me dio curiosidad.
- “¿Usted?”
- “Si”.


Qué extraño. Él no parecía empleado de servicio. Miré su reloj con la esquina de mi ojo. No era servicio, definitivamente.
- “¿Qué hace usted?”
Él no contestó de inmediato. – “Estoy… involucrado en el sector de seguridad casera,” asintió, pareciendo estar de acuerdo con él mismo.
- “Soy estudiante,”contesté, tratando de controlar el ridículo temblor de mi voz.

Él me miró con una expresión que no pude descifrar, y luego volvió a mirar hacia el frente. Él era mayor que yo, pensé no más de 5 ó 6 años.
Me pregunté si sabía quién era yo. Había un atisbo de familiaridad en sus ojos, aunque no podía ubicarlo. Su celular vibró, y lo abrió para leer un mensaje de texto. Él trato de esconder su emoción y luego cerró el teléfono sin contestar el mensaje, y no habló hasta que llegó el taxi.

Él me abrió la puerta, y me deslice hasta el extremo mas alejado del asiento mientras él se sentaba detrás del conductor.
- “¿Dónde?” preguntó el chofer con una voz ronca.
- “Universidad de Brown,” le dije. - “Por favor”.
- “Uh-huh. Una parada?”
- “No,” dijo mi inesperado compañero.

Note que él había sido cuidadoso de no mencionar su dirección, y me pareció extraño. Quizás no sea tan extraño del todo; quizás yo estaba más curiosa acerca de él que lo que me hubiera gustado admitir. Mo sorprendió que no había notado hasta el momento, y me encontré agradecida de este extraño por la diversión que inadvertidamente me había creado.

- “Por cierto, soy Jared,” sonrió, estirando su mano para tomar la mía.
- “Nina.”
- “Wow, tus manos están heladas!” dijo, colocando su otra mano sobre la mía.
Saque mi mano, notando su cálido agarre. Lo miré por un momento, escuchando cualquier voz interior que pudiera sentir algún peligro, pero el único sentido destacado era curiosidad.

Después de percatarse de su error, se disculpó con una sonrisa. Yo coloque mi pelo detrás de mis orejas y miré por la ventana. El viento azotaba fuera, soplando los copos de nieve a través de la carretera como blanca serpientes deslizándose adelante. Me estremecí ante la imagen y apreté mi abrigo a mí alrededor.

- “Brown, eh?” preguntó Jared. Su celular vibró en su bolsillo y lo abrió nuevamente.
Asentí. – “Brown.”
Él continúo mirándome por lo que abundé más. – “Concentración en Administración.”
La frustración remanente de la llamada no deseada desapareció cuando nuestros ojos se encontraron. Parecía como si se hubiese dado cuenta de que había estado llorando.

- “¿Esta usted bien?”
Miré hacia abajo, jugando con mis uñas. – “Hoy enterramos a mi padre.”
Se me ocurrió, no tenía idea de por qué estaba compartiendo información tan personal con un extraño.
- “Eran muy unidos,” dijo Jared. Era más una afirmación que una pregunta.

Esperé ver pena en sus ojos, pero no había ninguna. Mi alivio me hizo sonreir, lo que ocasionó que él hiciera una mueca para uno de los lados de su boca. Entonces noté que él tenia un rostro agradable, ahora que había llamado mi atención. Él era bastante atractivo, realmente….
- “¿Donde es su casa?” preguntó el chofer. Despegue mis ojos de Jared y señalé en dirección de mi dormitorio.
- “Residencia Andrews Este.”

El taxi se detuvo y automáticamente Jared salió. Tan pronto como su puerta se había cerrado, la mía se abrió.
- “Gracias,” dije.
- “Fue un placer conocerle, Nina”. Había un sentido en sus palabras. Iba más allá de cortesía o sinceridad. Él dijo las palabras con convicción.


Asentí y caminé hacia mi dormitorio. Él pausó antes de entrar al taxi para sonreírme una vez más, y por primera vez en semanas sentí algo más que vacío. Miré el taxi partir y entonces me vire en contra del viento para caminar hacia Andrews.

Una vez dentro de mi cuarto, noté mi aspecto en el espejo y me quedé sin aliento. Buen Dios, no es de sorprenderse que Jared se sintiera obligado ayudarme! Parecía como un vagabundo, un desesperado adicto de crack para su próxima dosis! Mi cepillo rasgó mi corto cabello rubio y saque mis flequillos fuera de mi rostro. Fui al lavado y me limpié el rímel corrido y base veteada.

Con el ceño fruncido, saque mi celular del bolsillo y marque discado rápido para llamar a mi madre.
- “¿Nina?” ella contestó.
- “Estoy en mi cuarto, Madre”.
Ella suspiró. - “Bien. Se que no te gusta tomar el autobús. Robert pudo haberte llevado. Toma 2 de esas píldoras que hoy te dí, ¿de acuerdo? Ellas te ayudarán a dormir.”
Puse mis ojos en blanco. Mi madre: la viajero frecuente de las farmacias de Providence.
- “Probablemente me dormiré al segundo de colocar mi cabeza en la almohada.” No era la pura verdad, pero mantendría a mi farmacéutico personal a raya.
- “Esta bien querida. Que duermas bien.”

Mi dormitorio se veía pequeño. Las paredes blancas estaban lastimosamente vacías en mi lado. Sentía que estaba siendo vigilada, me asomé para ver a mi compañera de cuarto. Si lado del cuarto estaba cubierto de carteles de osos de peluche y colores de equipos. Mi decoración consistía de marco de fotografía sobre la mesa de noche el cual tenía una foto de mis padres y yo en la graduación de escuela superior solo unos meses antes.
- “¿Cómo está tu mamá?” Beth preguntó debajo de su edredón rosa.
- “Ella esta….triste.”
- “¿Cómo estas tu?”

- “Igual,” suspire. Mi tono concluyente de voz pareció relajar a Beth, y mientras me ponía mis pijamas, noté su disminución en la respiración.
Me senté en mi cama y me tiré contra las almohadas. Mis pensamientos se movían sin mucho esfuerzo a la última hora. La sonrisa de Jared ocupó mi mente por un tiempo, pero luego de un rato mis pensamientos me trajeron de vuelta al funeral. Me volteé de lado y me hice un ovillo, tratando de llorar en silencio.

El alivio finalmente reemplazó el aplastante dolor mientras salía del estado consciente. Me volteé para un lado y mis ojos parpadearon, tomando nota los grandes números rojos del reloj. Cinco de la mañana llegaron rápidamente. Sentí mis ojos hinchados y adoloridos. Fue cuando me di cuenta que mis sueños habían sido crueles. No había milagros, y mi padre se había ido.

El final de la peor experiencia de mi vida no había terminado con lo que se suponía era mi clausura. Bajé de la cama y abrí mi computadora portátil, determinada a terminar mi ensayo para las 8am. La pantalla se iluminó y miré por encima a Beth que tenía su cabeza enterrada en su almohada. Mis dedos comenzaron a escribir la próxima remisión, y pronto comenzó la apagada sinfonía del clic contra el teclado.
Los párrafos se creaban rápidamente y terminé un cuarto después de las 7am. Con un clic del ratón, la impresora se sacudió y sonó con su nueva tarea. Miré hacia Beth, conociendo que ni una impresora de periódicos la despertaría. Recogí mis artículos de tocador para hacer mi viaje diario por el pasillo hacia las duchas.

Con mi rostro rojo y lo suficientemente exfoliado, me ajusté mi bata y camine por el pasillo. Mientras me lavaba los dientes en el pintoresco lavado de nuestro cuarto, Beth se sentó en la cama y estiró los brazos. Su cabello color caoba largo hasta la mandíbula, estaba deshecho en algunas áreas y levantado en otras.
- “Buenos días,” dijo ella. Entonces golpeó la realidad. – “Oh, quiero decir….”
- “Esta bien, Beth. Es una bonita mañana.” Miré hacia la ventana, i noté que el cielo estaba más sobrio desde el comienzo, pero no iba a mencionar eso.
Beth sonrió y comenzó hacer su cama, colocando a sus peluches frente a su almohada con volantes.
- “¿Vas a ir al juego el sábado? Ella preguntó.
- “No lo sé. Quizas.”
Usualmente ella me invitaba a ir, y en ocasiones insistía que fuera, siempre en su animada y placentera voz. Beth es natural del sur. Ella había trabajado duro y había sido premiada por numerosas becas para poder escaparse del pequeño pueblo de Oklahoma que ella llamaba hogar. Su lado del cuarto estaba cubierto de trofeos, fajas y coronas de los numerosos concursos de los cuales había participado y ganado. Ella no era la típica reina de belleza. Aunque hermosa, ella parecía ser muy introvertida; rasgo que trataba desesperadamente de romper. Ella me explicó el día que nos mudamos al dormitorio, que los concursos eran una maldita necesidad para la matricula.

- “Bueno, te daré una oportunidad esta semana si decides no participar. Lo entiendo con los finales y ….todo lo demás.” Admitió ella sin mirar a mi dirección.
- “Te lo agradezco.”
Me arregle mi cabello en una pequeña coleta en la nuca, pareciendo un ramo de trigo que salía disparado de la parte trasera de mi cabeza. Suspiré en mi armario y me di un discurso motivacional antes de vestirme de las inevitables capas: una después de la otra; bra, camiseta, franela, sueter, calcetines, vaqueros, botas, abrigo - y no siempre en ese orden.
Con mi mochila a punto de reventar, saqué su mango y la incline sobre sus ruedas.
- “Me voy temprano para tomar café.”
Beth se sonrió mientras encendía su computadora portátil. – “Buena suerte para conseguir pasar esa cosa a través del hielo.”


Salí del elevador hacia el pasillo preguntándome si Beth tenía razón sobre el clima. Contuve el aliento y empuje la puerta para abrirla, esperando que la fría temperatura picara en mi rostro. El viento sopló la pesada puerta de cristal contra mí, trabajando en contra de la ya lamentable presión que había manejado con una mano.

Usando mi brazo y hombro, me forcé para abrir la puerta y me quedé sin aliento cuando la ráfaga de aire frio quemó mi rostro. Llegue hasta el salón comedor que los población estudiantil habían llamado afectiva y apropiadamente “La Rata”, y sacudí mi abrigo. Arrastrando mis pies a través de las baldosas del suelo, hice la línea recta hasta la cafetera. Líquido oscuro y marrón creaba un vapor que me ayudaría a funcionar temprano en la mañana. Por costumbre, alcance mi crema de avellanas favorita y 2 sobres de Splenda.

- “Sabes, esa cosa es la muerte en un sobre,” dijo Kim detrás de mí.
- “Suenas como mi madre,” le contesté.
- “Estoy sorprendida de que vinieras hoy. Que lastima que tu padre haya muerto durante los finales.”
Kim nunca se contenía o refinaba sus palabras. Usualmente lo encontraba bastante refrescante, pero no había tenido tiempo para prepararme antes que sus palabras salieran de sus labios, y mis costillas se apretaron en respuesta.
- “Si.”
Kim me miró por un momento, y luego me pasó por el rostro un bollo de moras.
- “¿Desayuno?”
Negué con la cabeza, sin cruzar mis ojos para mirar el bollo. – “No, gracias. Necesito ir a clase.”
- “Caminaré contigo,” ella dijo, colocando el bollo en su lugar.
Kim se colocó una desteñida gorra de cazador roja con cubre oídos sobre su corto cabello marrón. Pensé que si podía reír, lo hubiera hecho.
- “Oh, Kim,” dije tratando de que mi voz pareciera cautelosa.
- “¿Qué?” preguntó ella, deteniendo su paso.
- “Nada,” sacudí mi cabeza, decidiendo dejarlo allí.
Si algún sombrero pudiera hacerse para Kim, era aquella ridícula atrocidad que ella se había puesto en la cabeza. Kim era sobre el promedio en estatura, una cabeza más alta que mis 5 pies, 7 pulgadas. Su corto cabello color caramelo enmarcaba su rostro con unas ondas suaves. Loca e impredecible como era ella, la gente se sentía atraída hacia ella.



Sabía que seriamos amigas en el momento que la conocí en el pasillo de Andrews; no podía imaginarme alguien tan interesante en mi vida. Kim caminó conmigo a través del campus para ir a clase, manteniendo mi mente alejada de pensamientos sobrios, con los relatos de sus contratiempos y errores ocurridos la semana pasada. Ella nunca fallaba en entretenerme con su desenfrenada honestidad y falta de un filtro entre su mente y boca.

Una vez en la clase, Kim se inclinó hacia mi y mantuvo su voz baja.
- “Y, el funeral…..”
Me retorcí en mi asiento. – “Yo realmente no quiero….”
- “Oh, esta bien . Si. Asi que ….¿fue ayer? A diferencia de Beth, Kim no evitaba lo desagradable. En ocasiones parecía que ella primero te abofeteaba la cara con una sonrisa en su rostro.
- “Si,” suspiré. “Fue muy agradable”.
- “Que bien,” Kim se hizo eco, asintiendo. – “Trate de llamarte anoche. Pero tu no contestaste.”
- “No llegue hasta muy tarde. Perdí el ultimo autobús y terminé tomando un taxi.”
Kim me miró incrédula. – “¿el ultimo autobús? No sabía que el transporte público tenia toque de queda.” Me quede considerando eso por un momento antes de que ella continuara. – “Por qué no guiaste? Tu madre te buscó, ¿no es así?”
- “Terminé compartiendo un taxi.”
- “¿Con tu madre?”
- “No, Kim. No con mi madre,” dije sin expresión. – “Conocí a un hombre en la parada de autobús. Ambos perdimos el mismo.” No confesé que tuve un momento de bloqueo mental y deje ir el autobús.

- “¿Compartiste un taxi con un desconocido de la parada de autobús? Interesante.”
- “Las historias de todo el mundo no terminan con un final espectacular como los tuyos. Nosotros solo compartimos un taxi,” dije tratando de que mi contestación sonara como el final.
- “¿Cuantos años tenía?”
Puse mis ojos en blanco. – “No.”
- “¿Feo?”
- “No, Kim. Él estaba bien.”
- “Yo no pregunté si él estaba bien. Asi….él era guapo, joven…¿y?”
- “El funeral de Jack fue ayer, Kim. Yo era un desastre,” dije, sintiendo mis cejas unirse.
- “¿Por qué hiciste eso?”
- “¿Hacer qué?” pregunté, molesta.
- “Llamar a tu padre “Jack”. Pensaba que ustedes eran unidos”.
- “Lo somos. Lo seremos. No lo sé….¿por que ese es su nombre?” Kim me miró, sorprendida con mi respuesta. Comencé otra vez, - “Siempre me sentí rara llamando Padre con otras personas. Al igual que yo no llamaría cariño a un novio con ustedes. Es algo….personal.”
- “Eso es raro, Nina.”
- “Bien, tu eres una autoridad en rarezas.”
Kim asintió, no afectada por mi insulto.
- “¿Y quien era el hombre misterioso? ¿A dónde fue?”
- “No lo creo. Su parada era después de la mía,” murmuré, moviendo mi bolígrafo entre mis dedos.
Porque mi parada era la primera, tenía curiosidad si él vivía cerca de la universidad, y si me encontraría con él nuevamente. Me estremecí al pensar en esa posibilidad. ¿Qué podría decirle a él? - “Hola Jared. ¿Me recuerda? Soy la imitadora de Alice Cooper con la que compartió un raro viaje en taxi por 20 minutos?”

- “¿Qué es esa cara?” La expresión de Kim solo podría ser un reflejo de la mía.
- “Nada, Solo….” Me encogí de hombros, “él probablemente pensó que estaba loca.”
- “Esa podría ser la historia más aburrida que he escuchado,” Kim dijo, suspirando.
- “Trate de ahorrarte los detalles. Sin embargo, él tenía una bonita sonrisa,” reflexioné.
Kim me miró con un renovado interés y abrió su boca para decir algo pero, el Profesor Hunter entró al salón. No había notado la cantidad de asientos vacios. Algunos de los estudiantes habían dejado su trabajo sobre el escritorio del profesor y salido por donde entraron en vez de ir a sus asientos como de costumbre.
- “¿Que están haciendo aquí todavía? Entreguen sus ensayos y salgan. Sus calificaciones se publicaran en el web. Felices Fiestas,” dijo a los que todavía estábamos en el salón.

La semana de exámenes finales llegó a su final, el ritual nocturno de hacerme una bola para llorar parecía ser permanente en mi vida. La primera semana del receso, tuve un poco de control sobre el vacio cuando llegaba. Después de eso, hubo unas cuantas noches que la tristeza también salía. El dolor encontró nuevas fuerza la noche de Navidad, pero mi alivio conciliar el sueño sin llorar se hizo un poco más fácil cuando las festividades estaban cerca de terminar.

Me pareció desconcertante que aunque el tiempo brindaba algún alivio, también estaba más lejos de cuando Jack era parte de mi vida. Cada día que pasaba se hacía más largo desde que podía llamarlo o escuchar su voz. Con el tiempo, el alivio y el temor se entrelazaron. Cuando el semestre de primavera comenzó, Jared se había convertido en una imagen borrosa de un día que quería borrar, por lo que fue una sorpresa verlo de pie a poca distancia de mí en la fila de Urban Outfitters fuera del campus. No estaba segura de que fuera él al principio, pero cuando él tomó el recibo que le entregaba el vendedor y volteó, le miré tiempo suficiente para estar segura. Él no tuvo la misma duda que tuve yo.

- “¿Nina?”
Sentí que mis cejas se levantaron mientras trataba de pensar en alguien a mi lado que contestara “si”. Mi boca se abrió, pero no salió nada.
Él se señaló su pecho como si estuviese hablando con un mudo. – “Soy Jared. ¿Compartimos un taxi?” Pacientemente, él espero a que yo recordara su rostro, y me di cuenta que no había olvidado un centímetro de ella.
- “Pensé eras tú,” dije, con una sonrisa amable. Algo estaba mal en mi garganta. Se sentía seca, y al mismo tiempo como si me estuviese ahogando con mi propia saliva.
Trague fuerte y traté de recordar de no ser un estudiante universitario adolescente ridículo.

La expresión de Jared pasó de alivio a euforia cuando una amplia sonrisa cruzo su rostro. Un cálido sentimiento burbujeo de mi pecho a mi rostro, y sentí el calor desprenderse de mis mejillas. Oh, Dios, no te ruborices! Pensé para mí. Pero era muy tarde. No tenía idea de cómo recuperarme.
- “Pareces tener un mejor día. ¿Llegar al autobús a tiempo y todo eso?”
- “algo parecido,” murmuré. – “¿Cómo va el negocio de seguridad?”
- “Interesante.” Un brillo tocó sus ojos y no sabía exactamente como interpretarlo.

Simultáneamente nuestra atención se dirigió al celular vibrando en el bolsillo de su abrigo. Él sonrió disculpándose antes de silenciar la distracción.
- “¿Tuviste una Navidad placentera?” Traté de no temblar mientras las palabras salían de mi boca. Ugh. Nada imaginativo, pensé.
- “Algo así,” citó.
Sonreí ante su broma. Él parecía tan cómodo conmigo. No estaba segura si era confianza o que él era esa clase de persona que podía tener una conversación con cualquiera y hacerlos sentir que se conocían de años.

Levanté la túnica de jersey color plata en mis manos. – “Compra de cumpleaños para mi madre.”
El hombre detrás de mí en la línea se aclaró la garganta, y me percaté que estaba atrasando la línea. Jared sonrió y dio un paso hacia atrás, hacia la caja registradora. Me di cuenta que nuestra conversación no había terminado y volví mi atención a la chica pelirroja detrás del mostrador, tratando de controlar mi entusiasmo. Ella me entregó el recibo de compras, y Jared me acompañó afuera. Él se quedó mirando a mis ojos, como verificando mi rostro. No recordaba que fuera tan alto. Se alzaba sobre mi, por lo menos 6 pies y 2 pulgadas. ¿Cómo no había notado el increíble color de sus ojos? Ellos parecían brillar mientras él me miraba fijamente.
- “¿Eres de Providence?” pregunté.
- “Si,” dijo pareciendo sorprendido por mi torpeza.


- “¿Fuiste a Brown?”
- “No”.
Si sus ojos no estuviesen tan animados por la conversación, hubiese supuesto que por sus cortas respuestas era tiempo de excusarme con mi rabo entre las piernas.
- “¿En serio? Estoy tratando de ubicarte. Parece que nos hemos visto antes.” Acabo de decir un cliché? Fantástico, me acabo de hundir el nivel de los adolescentes desesperados chicos de todas partes.
- “No lo creo. Eso es algo que no olvidaría,” dijo. “Iba a comprar algo de comer al final del bloque. ¿Quieres venir conmigo?”
Pensé que había dicho que si, pero él estaba mirándome con expectación.
- “¿Nina?”
- “¿Si? Quiero decir si. Eso sería fantástico.”
Trate de sonreír a través de mi humillación y pensé si siempre había sido tan articuladamente torpe. No podía imaginar por qué él todavía continuaba hablándome. Caminamos hasta el final del bloque para cruzar la calle en el semáforo. Jared me guió hacia delante con su mano en mi espalda, y miró a nuestro alrededor mientras cruzábamos. Contuve la risa; él me recordaba en detalle al presidente de seguridad. Lo único que faltaba era el aparato de comunicación en su oído y las gafas Ray-Bans negras.

Nuevamente Jared abrió la puerta para mí. Había visto este restaurante varias veces, estaba cerca de la universidad, pero nunca me había aventurado a entrar.
- “Te gustará,” me aseguró.
Detuve mis pensamientos, si por casualidad había dicho algo en voz alta.
- “Bienvenidos a Blaze,” dijo la anfitriona, haciendo un gesto de que ella nos sentaría de inmediato.
Momentos después apareció una camarera, y Jared esperó por mí para que ordenara.
- “Tomaré una Dr. Pepper.”
- “Que sean dos,” dijo Jared, levantando 2 dedos. Sus ojos nunca dejaron los míos.

La camarera asintió y nos dejó uno al otro. Tenía curiosidad si él hubiese ordenado una cerveza si no lo estuviese acompañando un menor.
- “No creo que te haya dado las gracias por haberme llevado a casa.”
- “En realidad, lo hiciste,” dijo, colocando sus codos en la mesa y cruzando sus brazos.
- “Oh. Esa noche es una especie de borrón,” hice una mueca.
- “Lamento que hayas perdido a tu padre, Nina. Me alegro de que yo estaba allí.”
Coloque mi cabello detrás de mis ojeras. – “Yo también me alegro que estuvieras allí.”
- “Probablemente no era la idea más segura….estar sentada en la oscuridad. Hay una gran cantidad de locos por ahí,” su tono de voz era casual, pero en el fondo había una pizca de ansiedad.
- “Yo crecí en este vecindario. Es seguro, te lo aseguro.”
El rió y negó con la cabeza.
- “Siempre es seguro hasta que algo malo ocurre.”
La camarera trajó nuestras bebidas y preguntó si queríamos ordenar. Una vez mas, Jared esperó por mi para comenzar.
- “Voy a tener una ensalada griega,” dije. Miré hacia Jared quien me estaba estudiando con sus cejas levantadas y una sonrisa irónica.
Yo no era una de esas chicas, - “y el linguini.”
La camarera volvió su atención a Jared. – “¿Para usted?”
- “Voy a tener la ensalada de casa con queso azul y los camarones Scampi. Y ¿nos podría traer algunas batatas fritas, por favor?” él dijo, entregando el menú a la camarera.
Cuando ella se fue, miré alrededor del restaurante y luego por encima de Jared, quien no me había quitado los ojos de encima.

No sabía que decir para conversar cuando estaba bajo su Mirada. Los ojos de Jared eran un increíble azul grisáceo; parecían brilla contra su piel ligeramente bronceada. Sus gruesas cejas marrones estaban sentadas sobre sus ojos almendrados y eran un poco más oscuras que su estratégicamente revuelto cabello rubio oscuro. Sus rayitos naturales brillaban con el sol de la tarde que rompió sobre las ventanas. Era evidente que estaba más que atractivo.


Nuevamente me pregunté por qué él continuaba hablando conmigo.
- “¿Batatas fritas?” pregunté.
- “Son famosas. Bueno, son famosas para mi. Tienes que mojarlas en las pequeñas salsas que te dan para que puedas apreciarlas completamente.”
- “Camote fritos,” dije, todavía insegura.
Él sonrió. – “Confía en mi”.
Su celular vibró, y él lo abrió. Esta vez era más que un mensaje de texto; él dio una mirada irritada y lo presionó a su oído.
- “Ryel,” contestó él.
¿Righ-el? Estaba bastante segura que ese era su apellido pero no podía tener la certeza. Él bajó su voz e inclinó su cabeza lejos de mí. Él no estaba contento con la persona que llamaba, pero era solo el tono lo que podía entender; él estaba hablando en lo que pensaba era ruso. Él era devastadoramente guapo, amable y hablaba un segundo idioma. Y si los camotes fritos eran todo lo que él había prometido, yo me podría caer de la silla.
Él se volvió impaciente con la persona al otro lado de la línea y colgó la llamada.
- “Disculpa por eso,” él dijo.
Negué con la cabeza, respondiendo su disculpa. – “No, está bien. Solo que inadvertidamente aprendí 2 cosas nuevas de ti.”
Sus ojos estaban enfocados en los mis, pero estos estaban un poco nublados como si su atención estuviese dividida entre el problema del que llamó y yo.
- “¿Ryel?” pregunté
- “Mi apellido.”
- “y eso era.....ruso, ¿lo que estabas hablando?” levantando mis cejas.
- “Si,” suspiró. Sus hombros se relajaron mientras exhalaba. – “¿ En estos días, no todo el mundo habla un segundo idioma?”
- “¿Tu solo hablas 2?” dije, fingiendo insatisfacción.
Él rio, y una nueva punzada se formó en mi pecho. No podía sobreponerme a su sonrisa y lo extraordinaria que era, como si él hubiese salido de una revista.
- “Tomé francés en escuela superior. No se quedó,” dije, sintiéndome inferior.
- “Mi padre lo habla muy fluido. Aprendí de él.”
- “Oh, ¿tu familia es de Rusia?”
- “Eh…no,” dijo Jared, pareciendo incomodo con la pregunta.
- “Era hermoso,” dije. “Eres muy popular. El negocio debe ser fantástico.”
Sus ojos se estrecharon mientras estudiaba mi rostro. – “El negocio es…,” sus ojos se suavizaron y él se inclinó un poco hacia mí, encontrando mi mirada, - “mejor de lo que ha estado en mucho tiempo.”
Me obligue a respirar. Me sentía no natural cuando él me miraba de esa manera.
- “Unos días más que otros,” encogiéndose de hombros.
- “¿Y hoy?”
Él sonrió nuevamente. Algo le estaba divertido sobre nuestra conversación, y yo no estaba al tanto de la broma.
- “Hoy es un buen día.”
Mi atención estaba divida entre la camarera que caminaba detrás de él, trayendo los camotes fritos y las ensaladas. Jared miró hacia la mesa y luego hacia mí con una sonrisa calculadora.
- “¿Te sientes valiente?”
Me incliné hacia el frente para ver mejor dentro del envase tejido.
- “Tú me estas poniendo muy nerviosa por una canasta de patatas fritas. Esas debe ser unas patatas que destrozaron la tierra.”
- “Realmente, las patatas que merecen una introducción.”
Ambos reímos. Él tomó unas cuantas y las mojó en una taza con una extraña sustancia viscosa.
- “¿No salsa de tomate?” pregunté, mirando la lanza deforme en mi mano.
Jared arrugo su nariz. – “Salsa de tomate es para aquellos que no quieren saborear su comida.”
- “Salsa de tomate es para tontos.” Me concentré en el envase, y uní mis cejas.
La risa brotó de su garganta, y yo hundí mi patata en la salsa. Él le dió un mordisco y me miró levantar mi mano hacia la boca. Su expresión creció ansiosamente juguetona mientras yo tragaba.
- “No …esta mal. Bastante bueno, en realidad,” dije asintiendo mientras tragaba.

Su rostro era triunfante. Bromeamos y reímos mientras eliminábamos las fritas remanentes, y educadamente discutimos sobre el clima a través de nuestras ensaladas. Después de terminar nuestros platos principales, él miró mi plato vacio y asintió con satisfacción.
- “Me gusta una chica con apetito.”
- “Pues tengo el presentimiento que entonces seremos buenos amigos,” reí. – Esta fue la primera comida no-Ratty que he tenido desde que regresé a la universidad. Gracias por traerme aquí.”
Jared sonrió. – “Fue un absoluto placer. Me alegro que nos hayamos encontrado uno al otro.”

La camarera trajo la cuenta y Jared lo recogió, puso su tarjeta en el bolsillo y lo devolvió a ella. Él parecía como si se hubiese ganado la lotería. No podía creer que mi entretenimiento con unas patatas fritas con un sabor diferente lo había puesto tan alegre. Él me ayudó con mi abrigo. Yo era la clase de chica de disfruta de las galanterías pero la manera casual en que él lo hacía, me hizo sentir un poco mareada. Recogí mi bolsa de Urban Outfitters, y él me siguió fuera.
- “¿Vas a caminar? Preguntó Jared.
- “Voy a caminar.” Coloque mi cabello detrás de mis orejas y esperé por él a que fuera caballeroso nuevamente.
- “Está haciendo frio. ¿Te importa si te llevo?” preguntó él, colocando sus manos en los bolsillos de sus vaqueros.
La sonrisa que se extendió en mi rostro era incontenible.
– “¿Recuerdas donde vivo?
- “Andrews, ¿correcto?” él dijo.
Yo asentí, y él pareció contento de que pudiera darle la respuesta correcta.
- “Estoy en esta dirección,” él dijo, dirigiéndome calle abajo.

Jared se estacionó junto a la acera al lado de mi dormitorio, y yo subliminarmente le quise pedir su número de teléfono, para otra cita, cualquier cosa. No quisiera esperar tanto tiempo esta vez para poderlo ver nuevamente.
- “Gracias de nuevo,” dije, tratando de ganar tiempo.
Él sonrió, pero no fue tan amplia como durante el almuerzo. Él parecía estar tan decepcionado como yo de que nuestro corto encuentro había terminado.
“De nada. En verdad, el placer ha sido mío.”
Él salió y en menos de un segundo, abrió mi puerta. Me paré a mirarle su rostro y después de una pequeña pausa, comencé a caminar hacia mi dormitorio. Un sentido de urgencia superó mi nerviosismo y gire sobre mis talones. Él no se había movido. De pie frente a su Escalade negra, él parecía exactamente un guardia de seguridad. El cristal estaba oscurecido, y parecía más una escena del Medio Oriente que una calle tranquila de Providence.

- “¿Jared?” saqué mi teléfono celular de mi cartera para preguntarle por su número pero las palabras se abandonaron. Trague mientras sus ojos me atravesaron. No sabía si la atracción era mutua, pero por lo menos de mi parte, era intensa.
- “Nos encontraremos otra vez,” él dijo, sonriendo.
Iba comenzar argumentar, ¿pero que podría decir? Si me preguntaba cuan pronto sería, sonaría más desesperada de lo que yo quería.
- “Fue bueno verte de nuevo, Nina,” él dijo, antes desaparecer detrás del tinte oscuro de sus ventanas.
Sonreí y me despedí con la mano, entonces continué mi camino a Andrews.
Gracias a bookzinga

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