26 de noviembre de 2012

Primer Capitulo: Cheyenne (Lisa L. Wiedmeier)



La cálida brisa acariciaba mis mejillas, y suspiré. El sol se filtraba a través de los pinos de más de doce metros que rodeaban nuestra casa, echando sonrisas de sol. Al menos, así es como mamá las llamaba cuando yo era joven. Decía que el sol hacía esto para difundir su felicidad a través del bosque. Sonreí; ella tenía una manera única de pintar el mundo para un niño de cuatro años.

Un pegote grande de jabón cayó sobre mi cabeza seguido por una aspersión de agua. Caí hacia atrás en mis manos, y el guante de auto que estaba utilizando para lavar las ruedas de mi Jeep quedó incrustado con grava de la entrada de mi casa. Sabía quién era el culpable.

—¡Colt, pórtate bien! —Sacudí mi cabeza mientras me ponía de pie. Él estaba siendo especialmente tortuoso hoy por alguna razón. Nuestros ojos se encontraron, azul en azul. Sus dedos voluminosos estaban envueltos alrededor del rociador de la manguera como si fuera el gatillo de un arma.



—Ni siquiera lo pienses, —dije firmemente mientras un destello se formaba en sus ojos. Él quería ver hasta dónde podía empujar mi paciencia.

—¿Y qué si sólo ocurre accidentalmente, Cheyenne? —Una sonrisa maliciosa se formó en sus labios.

—Entonces averiguarás lo que significa venganza. —Luché para proporcionar un tono firme de reprimenda. Él sabía tan bien como yo que probablemente nunca podría vengarme de él. Pero valía la pena intentarlo. Se paró y miró me miró por un momento largo. Presionó el gatillo de la manguera y procedió a enjuagar el jabón restante del techo de mi Jeep.

Mirando el guante en mi mano, empecé a arrancar la grava. Momentos más tarde, me di por vencida y fui a su lado, levantando mi guante y lo vi sonreír.

—Simplemente no puedes mantener algo limpio, ¿verdad? —Preguntó. Rodé mis ojos. Él sabía que era el que causó el problema, y aún así sentía la necesidad de burlarse de mí—tal como se burlaba de mí por todo.

—Sólo enjuágalo para mí, por favor. No puedo lavar mi auto con grava. —Extendí mi brazo, y él accionó el aspersor en toda su fuerza. Me encogí mientras los fragmentos de roca volaban, y el agua cubrió el frente de mi camisa y también de mis vaqueros.

—Ups. —Una risa sonora lo siguió.

Calculadamente, poco a poco levanté mis ojos a los suyos y los estreché. —¿Ups? —Pregunté.

—Ups, —respondió mientras levantaba sus cejas, tratando de no reírse.

Me lancé por la manguera. Los dos estábamos riendo y luchando por el control del gatillo. Sabía que no era rival para él. Él era enorme en comparación con mi constitución de un metro con sesenta y cinco. Él tenía más de un metro noventa, fornido, y debería haber sido un jugador de futbol. Debería haber sido un montón de otras cosas, la última de las cuales era mi mejor amigo.

Corriendo por el lado del Jeep, agarré el cubo de agua jabonosa. Él estaba justo detrás de mí. Me las arreglé para hacerlo girar en su dirección, y el agua salió tambaleándose, golpeándolo directamente en el pecho. Estallé en carcajadas. Colt no se detuvo mientras me levantaba del suelo y me cargaba a la hierba en mi jardín delantero.

—¡Oh, pagarás por eso! —dijo mientras me hacía cosquillas.

—¡Para! ¡Vas a hacer que me haga pis en mis pantalones! —Chillé.

Continuó con sus cosquillas. —¡Me gustaría ver eso!

—¡Colt! —Supliqué. Eventualmente se detuvo y se sentó a mi lado, ambos atrapando nuestro aliento. —Estoy empapada, sabes, —dije a través de mi sonrisa. Miró hacia abajo y sonrió.

—Sí, lo estás. —Suspiró y se dejó caer de espaldas, y ambos nos tendimos y miramos hacia arriba a través de los árboles. Estábamos tendidos en un pedazo de soleado, y el sol nos calentaba agradablemente. Había sido una primavera inusualmente caliente hasta el momento. Hoy era el inicio de las vacaciones de primavera para nosotros. Colt había venido a ayudarme a lavar mi auto antes de irme para un viaje de campamento de una semana con mis padres.

—¿Estás seguro que no puedes venir con nosotros? —Rodé a mi costado para obtener una mejor vista de él. Esta era una de las pocas veces en que podíamos vernos a los ojos. Él había venido a unos pocos de viajes de campamento con nosotros en el último año y medio. Mis padres adoptivos, Gene y Alexis, lo amaban. A menudo lo invitaban sin siquiera decírmelo.

—Lo haría si pudiera, pero ya dije que me voy por la semana.

—Has dicho que te ibas, pero no me has dicho a dónde. —Comencé a jugar con una brizna de hierba entre mis dedos, un poco molesta de que no me contaría sus planes de vacaciones. ¿Cuál era el problema?

—No es importante. Estaré de vuelta el domingo. Tú deberías estar en casa para entonces. Vendré tan pronto como pueda. —Cogió una ramita y le dio golpecitos a mi brizna de hierba con ella. —Puedes llamar o enviarme mensajes si tienes servicio. —Estaba tratando de aliviar mi irritación.

—Entonces, ¿cómo es que eres mi amigo, otra vez? Deberías estar jugando futbol y saliendo con la líder de las animadoras o algo así, pero en cambio estás aquí, atormentándome y supuestamente ayudando a lavar mi auto. —El sarcasmo acribillaba mis palabras. Si él podía ser un problema de una manera, entonces yo podía ser un problema en otra.

—Yo mismo he estado preguntándome eso. —Comenzó a tocar su sien con su dedo, fingiendo estar inmerso en pensamiento. —Sin embargo, esa respuesta está probablemente perdida en las brumas del tiempo. —Arrugué mi nariz hacia él. Un mechón de su cabello rubio cayó hacia delante y reí. —Vamos a ver, soy tu amigo porque nos llevamos muy bien, para empezar. No eres como cualquier chica típica con que he estado alrededor… hmm, en cuanto al futbol, ya te dije que he tenido demasiadas conmociones cerebrales, por lo que no puedo jugar más. Y en cuanto a la líder de las animadoras, —resopló. —¿Quién necesita ese dolor de cabeza? —Inclinó hacia abajo su barbilla. —¿Eso funciona para ti?

—Supongo que tendrá que hacerlo, —rodé mis ojos.

Se elevó sobre mí, mientras empezaba su asalto de cosquillas de nuevo. —¡Para! —Grité con poco éxito. Finalmente cedió y me ayudó a levantarme. La tarde se había desvanecido, y comenzamos a limpiar el desastre. Llevé el cubo y el guante de limpieza al porche mientras Colt enrollaba la manguera.

—Tienes que irte, ¿no? —Fruncí el ceño ligeramente mientras mi largo cabello rubio flotaba en la brisa, alterando mi vista de Colt. Lo puse detrás de mis orejas.

—Sí, tengo que coger un vuelo. —Sonaba decepcionado. —Tus padres deben estar en casa alrededor de las seis, ¿no?

—Sí. El avión de mi papá llegó hace casi una hora. Se suponía que iban a detenerse y conseguirle a mi mamá un nuevo celular y hablar con ellos sobre el servicio aquí. Ha estado muy impredecible últimamente. El código de error aparece como problemas de red. —Me detuve mientras miraba hacia el bosque que rodeaba nuestra casa. Mis ojos atraparon una sombra oscura. Se movió tan rápido que, de haber parpadeado, me lo habría perdido. Miré fijamente, tratando de determinar si fue real. Estaba teniendo un pequeño dolor de cabeza, así que tal vez fue sólo una mancha oscura en mi visión.

—¿Cheyenne? —dijo Colt en voz baja, trayendo mi atención de vuelta a nuestra conversación mientras sus dedos tocaban mi brazo.

Miré hacia arriba. —Después de eso estarán en casa. Gracias por tu ayuda, ya tengo el equipo de campamento alineado en el pasillo. Ellos querían salir esta noche.

Colt miró su reloj, su mirada reflejando su reticencia a marcharse. Para ser sólo mi amigo, era un poco protector. Supuse que era una cosa de hombres.

No estaba muy segura de cómo había llegado a ser tan afortunada de tener a Colt como amigo. Él había empezado a pasar el rato conmigo el principio de mi año junior. Viéndose un poco desconcertado, dijo que estaba perdido cuando entró en la primera clase. Me pidió ayuda, y aunque me sorprendió que me lo pidiera, lo hice. Nos dimos cuenta de que teníamos todas las mismas clases juntas. En ese momento pensé que era extraño, pero me imaginé que había sólo unas cuantas combinaciones. Era fácil llevarse bien con él, y me encontré esperando que nos convirtiéramos en amigos. Muy pronto, estábamos siempre juntos, y después de que conoció a mis padres, empezaron a invitarlo a unirse a nosotros todo el tiempo.

—Vamos, —Agarré su brazo. —Tienes que irte. Yo estaré bien. —Caminé con él a su motocicleta. Había estado emocionado de sacarla recientemente con el clima más agradable. La tarde tibia era inusual para nosotros, viviendo en una región montañosa del norte de Idaho. Las temperaturas de primavera eran más cálidas de lo esperado, pero no estaba quejándome. Colt montó su moto, y yo me quedé a unos pocos metros cuando la encendió.

—Sabes, para alguien que ha tenido demasiadas conmociones cerebrales, realmente deberías estar usando un casco.

No respondió, sino que sólo sonrió, y negué con mi cabeza. Di un paso más cerca para eliminar las pocas hojas que vi atrapadas en su pelo despeinado. Muy lentamente e intencionalmente me dio un abrazo. Inhalé ligeramente, su olor almizclado llenando mi cabeza mientras sus brazos se apretaban. No es que fuera raro en él que me abrazara como despedida; sin embargo, la forma en que lo hizo puso mis sentidos en alerta máxima. Se echó hacia atrás y puso en cálido beso en mi mejilla, cerca de mi oído, demorándose mientras su aliento hacía que mi pulso latiera más rápido.

—Ya te extraño, Cheyenne.

—Tragué saliva y di un paso atrás. —Lo mismo digo, —contesté con voz ahogada, y juré que le oí reír por lo bajo.

—Te veré el próximo domingo. —Sonrió mientras aceleraba el motor.

Vi mientras bajaba por nuestro largo camino de grava y desaparecía entre los árboles de pino que rodeaban la carretera. No estaba segura de qué pensar de todo esto—su abrazo y su toque persistente.

La brisa tocó mi piel de nuevo e hizo que el pelo en la parte trasera de mi cuello se pusiera de punta, pero no era por frío. Giré y miré hacia el bosque rodeando mi casa, tratando de quitarme de encima la sensación de que alguien me estaba observando, una sombra constantemente avecinándose—como la sombra que pensé que vi antes. Siempre me sentía segura cuando Colt o mis padres estaban alrededor, pero cuando ellos se iban, era una historia diferente. No me atrevía a decirles. No necesitaba que pensaran que estaba paranoica.

Entré rápidamente en la casa.

Colt no sólo era mi mejor amigo; era más o menos mi único amigo. Nos habíamos mudado mucho a lo largo de los años, y este era el tiempo más largo que nos habíamos quedado en alguna ubicación—Sagle, Idaho. Iban a ser tres años. Reubicarse tanto hacía difícil acercarse lo suficiente a alguien. Siempre tuve en la parte trasera de mi mente que no debería invertir demasiada energía en ello, ya que no estaríamos alrededor. Colt y yo estábamos esperando graduarnos en mayo, pero mis padres habían estado actuando raro de nuevo. Esta era generalmente la señal de una inminente mudanza.

Dejándome caer en el sofá de la sala de estar, miré los sacos de dormir, la estufa de campamento y el equipo diverso. A pesar de que eran mis vacaciones de primavera, mis padres me habían vencido en una votación, e íbamos a acampar de nuevo. No es que realmente objetara ir de campamento, pero preferiría haber pasado las vacaciones de primavera en un lugar tropical por un cambio. Quería un bronceado genial. Quería que el sol le diera a mi cabello mechas más rubias. Quería presumirle a Colt sobre mi piel siendo más oscura que la suya cuando volviera. Torturarlo y burlarme de él, sólo un poco, como siempre me lo hacía a mí. Sonreí. Siempre nos divertíamos juntos. Él siempre sabía cómo alegrar mi día.




Mis padres estaban emocionados sobre este viaje. Habían estado planeándolo por meses, y el clima cálido era un extra. No que importaran las condiciones climáticas, sin embargo; ellos no se dejaron intimidar por las tormentas en lo más mínimo. No puedo decir que me sintiera de la misma manera. Mis padres estaban emocionados de alejarse, de tener tiempo para hablar, eso dijeron ellos. Habían mencionado que querían discutir algo conmigo. Mi mama no me daría ninguna pista, pero ella dijo que tenía la edad suficiente para saber y entender lo que sea que este gran secreto fuera. Yo era hija única. Mis padres me habían adoptado cuando era pequeña, porque ellos no podían tener niños por su cuenta. ¿Tendría que ver con mis padres biológicos? me preguntaba.

Mi teléfono vibro. Era mama. —Se nos hizo tarde. Llegaremos a casa pronto, — decía el texto.

Respondí, —Ok. Nos vemos pronto. — presione el botón de enviar y apareció “error de red”. ¡Argh! ¡En que dolor se estaba convirtiendo esto! Aparentemente, ellos no se habían detenido para arreglarlo. Habría llamado, pero cuando mi teléfono mostraba eso, nada funcionaba. Ya no teníamos una línea fija, solo teléfonos celulares.

Mi estómago gruñó. Mire al reloj, era un poco después de las cinco treinta. Tomando un yogurt y una botella de agua de la cocina, busque en la despensa por algunas barras de granola. Comí mi merienda y espere pacientemente a que ellos llegaran.

Marcaban las siete en punto, y ellos todavía no estaban en casa. Estaba empezando a ponerme ansiosa. Porque vivíamos a las afueras de la ciudad, el aeropuerto estaba al menos a una hora y media de distancia. Me tomaba cerca de media hora llegar a la escuela. Empecé a caminar por la casa. Otros quince minutos pasaron, y revise mi teléfono otra vez para escribirle a ambos a mama y a papa.

— ¿Dónde estás? Dijiste tarde, ¿Pero cuan tarde? — y presione enviar, y esta vez no apareció ningún mensaje que dijera error. Juguetee con mi anillo mientras esperaba. Mama era usualmente muy rápida con sus respuestas—ella nunca me dejaba esperando. Cinco minutos pasaron y nada. Marque su número. Afortunadamente sonó, pero fue directo a su buzón de mensajes.

—Mama, ¿Dónde estás? Me estoy preocupando. Llámame. — colgué e inmediatamente marque el numero de papa. También fue a su buzón de mensajes. —Papa ¿Qué ocurre? Pensé que ya estarían en casa. Por favor llámame. Solo quiero asegurarme de que todo esta bien. — presione finalizar y espere.

Mi corazón empezó a golpear mientras esperaba. Algo no andaba bien, y lo sentía en mis huesos. ¡La computadora! Corrí hasta mi computadora portátil e inmediatamente empecé a buscar en internet por noticias recientes. Mi imaginación estaba corriendo fuera de control. Trate de convencerme a mi misma que ellos solo estaban retrasados porque había una construcción en la carretera, o quizás había un accidente en la autopista y no eran capaces de conseguir salir de la vía. Si yo estaba teniendo problemas con la red, entonces ¿También era posible que ellos lo tuvieran? Quizás ellos estaban en una mala zona y no podían recibir mis textos o los mensajes de voz. Ellos estarían llamando en cualquier minuto. Estaba segura de eso.

La televisión y el internet no me dieron ninguna información. Mi temblorosa mano presiono el botón de apagado en el control remoto. Mire al reloj colgando encima del escritorio antiguo en la esquina de la sala. Ahora eran las 10 p.m. mi cabeza se sacudió al sonido de neumáticos en la entrada de graba y luego una puerta de auto cerrándose. Alivio corrió a través de mí, y me dirigí hacia la puerta de entrada.

Abriéndola, vi a la última persona que estaría esperando.

— ¿Cheyenne Wilson? — dijo una cálida, profunda voz mientras el hombre subía por el porche hacia la luz. Era el alguacil local. Lo había visto un par de veces con mis padres en el pueblo.

— ¿Si? — respondí con voz temblorosa. —Lo recuerdo. —

Dudando, tomo un paso más cerca. Su ceja estaba arrugada y su mandíbula apretada. Sus dedos estaban blancos de presionar tan fuerte el sombrero que sostenía entre sus dos manos.

— ¿Puedo entrar? — pregunto. —Necesito hablar contigo. —

Parpadeando, mi aliento creció pesadamente. No podían ser buenas noticias. —S-seguro. — respondí y retrocedí hacia el pasillo. Tragué. —Cuidado por donde camine. Mis padres y yo vamos a acampar esta semana. Tengo todo el equipo en el pasillo. — intente de mantener la calma mientras lo decía, intentando de distraerme de pensar sobre la razón real porque él había venido.

— ¿Nos podemos sentar? — sugirió él.

Aturdida, caminé hacia el sofá, y él se sentó en la mesa de café enfrente de mí.

— ¿Q-que está pasando? — de repente estaba temblando de terror.

—Cheyenne. — dijo él suavemente, mientras colocaba el sombrero en la mesa cerca de él. —Me temo que tengo malas noticias para ti. —

Todo se congelo en el lugar cuando dijo esas palabras. No me moví. No respire. No parpadee o trague.

—Hubo un terrible accidente, y tus padres, Gene y Alexis, estuvieron involucrados. — Dudó mientras sus ojos color avellana buscaban los míos —Lo lamento. No sobrevivieron. —

Las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas. Todo lo que podía escuchar era el pitido en mis oídos con las palabras. “No sobrevivieron.”

— ¿Cheyenne? — su cara se volvió preocupada, y sus manos estaban clavadas en mis brazos. Mis padres se habían ido— ¡ido! ¡Ellos tuvieron un accidente, y no sobrevivieron! Debí haber ido con ellos. ¿Por qué mama insistió en que me quedara en casa? Debí haber estado ahí con ellos. ¿Por qué no les dije que los amaba antes de que se fueran? Lo había dicho cuando era pequeña, pero habían pasado años desde que lo dije… esas dos palabras. Los amo. Por alguna razón, nosotros dejamos de decirlo. Mi corazón se estaba rompiendo, y la presión estaba empujándome abajo. Sentí mis ojos rodar hacia la parte trasera de mi cabeza, y me caí hacia atrás.

Me sentía tan adormecida.

Una fría toalla toco mi frente, y regrese a mis sentidos con un profundo respiro. El alguacil estaba hablando silenciosamente en su teléfono. —Joni, creo que necesitas venir a la casa de los Wilson. Cheyenne se desmayo cuando le dije. Me sentiré mejor si vienes. No estoy seguro que hacer por ella. — Se detuvo —Okey, te veo en un rato. —

Forzando mis parpados a abrirse, lo observé inclinarse enfrente de mí. —Cheyenne, mi esposa Joni viene en camino, ella es una enfermera, y quiero que te revise. Estará aquí en un momento. Necesito que te quedes quieta y descanses. Voy a estar justo aquí. Voy a buscarte un vaso de agua. —

Asentí y cerré mis ojos. Lo escuche moviéndose alrededor de la cocina. Regresando rápidamente, coloco el agua en la mesa cerca de mí. Vagamente consciente de su presencia, mire a la pequeña ventana afuera mientras el caminaba. Esto tenía que ser un error. Mis padres estarían llegando pronto, y ellos aclararían todo este enredo.

— ¿Cheyenne? — dijo el alguacil con voz áspera, pero no respondí mientras él se inclinaba otra vez y tocaba mi brazo. Era un esfuerzo seguir respirando.

Faros rompieron la oscuridad—Joni había llegado. El alguacil fue a abrir la puerta, y su esposa camino directo hacia mí. Me hizo unas preguntas mientras bebía algo de agua. Logre calmarme lo suficiente para responder. Moviéndome al sofá al lado de mí, ella se sentó sosteniendo mi mano mientras el alguacil Taylor empezaba a contemplar su siguiente movimiento.

—Estás sola aquí, ¿Cierto? — él estaba caminando mientras su regordeta mano empezaba a correr a través de su cabello marrón.

—Si. —

Él tomo un profundo respiro. —Me gustaría que consideraras venir al pueblo con nosotros hasta que podamos localizar algunos familiares cercanos a ti. —

Ahora, fui yo la que tomo un profundo respiro. Tanto como apreciaba su preocupación, solo quería estar sola hasta poder procesar que esto era real. —No tengo otra familia Gene y Alexis eran mis padres adoptivos. Mis padres biológicos fueron asesinados cuando yo era pequeña. — estaba sorprendida por mi respuesta, como maneje decir las palabras en perfecta calma, en un tono nivelado.

El alguacil parpadeo e intercambio una mirada con Joni mientras ella apretaba mis dedos. —Lo siento, no sabía que eras adoptada, — dijo ella tiernamente.

—Está bien, no es como que lo anunciamos. No recuerdo a mis padres biológicos.—

— ¿Qué sobre tus tías, tíos? ¿Hay algún abuelo sobre el que sepas? —

—Mis padres no tenían ninguna otra familia. Éramos solo nosotros tres. —

Los ojos del alguacil se entristecieron. Él estaba dudando y no sabía que decir.

—Tengo dieciocho, y técnicamente no requiero un guardián, pero llamare a mi amigo, si eso le hace sentir mejor, — dije firmemente. —Ahora mismo, realmente me gustaría estar sola, si no le importa. — necesitaba sacarlos de la casa. Quizás les di la impresión de que era fuerte, pero por dentro, me estaba desmoronando con cada momento que pasaba.

—A pesar de todo realmente me gustaría que vinieras con nosotros. No creo que estés...—

Lo corte mientras me ponía de pie, tocando su brazo. —Estaré bien. Por favor, realmente no quiero dejar mi casa ahora. Le dejare saber si necesito algo. —

Nos quedamos de pie y nos miramos el uno al otro. Unos tensos minutos pasaron antes de que él cediera. —Regresare mañana para chequearte. — tomo el brazo de Joni y la guio a la puerta, solo para girarse mientras alcanzaba la puerta. —¿Prometes que llamarás a tu amigo? —

—Si. Lo llamare tan pronto ustedes se vayan. —

—¿Será capaz de venir? —

—No lo sé, pero lo llamare. —

—¿Quién? — su barbilla levantada y mandíbula firme como si pensara que lo engañara.

—Colt O’Shea; es un amigo de la escuela. —

— Colt O’Shea, — repitió, tirando de su cara para hacer memoria. —¿El chicho alto rubio? —

—Si. — contactare a Colt tan pronto como ellos se vayan, pero no sé cuan pronto él será capaz de venir. Yo estaba asumiendo que ya estaba en su camino fuera de la ciudad.

El alguacil asintió y tomo el brazo de Joni otra vez mientras caminaban hacia la puerta —Estaré de regreso mañana al medio día. Llámame si necesitas algo. — asentí. Él había dejado su tarjeta en la mesa.

De pie en la entrada, los vi entrar en autos separados y manejar abajo a lo largo de la carretera. Mi fuerza se desvanecía con cada segundo que pasaba. Cerré la puerta y le pase cerrojo. Colapse en el suelo, mi mano todavía sosteniendo la perilla en un incómodo ángulo, y empecé a sollozar. Mi corazón estaba afligido y cada parte de mi ser estaba gritando—gritando porque mis padres regresaran. Todas las palabras que debí decir, todo el amor que debí mostrarles. Las dos palabras que siempre me arrepentiré de no haber dicho… Los amo.

Mi mundo se estaba desmoronando alrededor de mí, y el peso de la situación estaba aplastándome. Ahora estaba sola—no tenía a nadie más. Que pequeña cantidad de tiempo tuve con ellos, solo dieciocho años.

Me quede viendo con la mirada perdida al equipo que estaba abarrotado en el pequeño pasillo. No se cuanto tiempo me senté ahí, pero el torrente de lágrimas finalmente se calmaron. Mi mejilla estaba descansando en el frío, y duro piso de madera, y mi teléfono todavía estaba en el final de la mesa cerca del sofá. Se suponía que nos iríamos esta noche… nunca tendría otro minuto con ellos, y nunca compartiría otra conversación.

Arrastrándome hasta el final de la mesa, levante el teléfono. Sabía que no sería capaz de calmarme lo suficiente para hablar con Colt así que tendría que enviarle un mensaje de texto. —Mis padres tuvieron un accidente; ellos nunca vendrán a casa. — presione enviar y espere. Mi corazón se hundió más en desesperación mientras el mensaje de error en la red se mostraba a través de la pantalla. Deje caer el teléfono y empecé a llorar de nuevo.

Logre arrastrarme hasta mi cama; la noche era larga y un diluvio interminable de lágrimas y emociones fluyó a través de mí. El llanto vino en incontrolables ataques, pero de alguna manera el sueño me encontró y se llevó lejos el dolor. Solo era temporal, y cuando despertara en la mañana me daría cuenta que no era un sueño. Mis padres se habían ido de mi vida—para siempre.

Gracias A Bookzinga

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