2 de septiembre de 2012

"Capitulo 1" Hidden Fire de Jo Davis



Hidden Fire de Jo Davis [Bomberos de la estación Cinco #3]
Capítulo 1
Julian Salvatore rocía un potente chorro de agua sobre la ambulancia de la Estación Cinco, enjuagando la espuma de jabón y girando alrededor del vehículo para darle todo el volumen a "Life in the Fast Lane" que suena en la radio justo en el interior de la bahía.
Nada como las Águilas para convertir una tarea aburrida en soportable.
Usando la boquilla como micrófono, con su labio doblado un poco como Don Henley, remarcaba el sonido lanzando chorros sobre las burbujas. Mirándolas deslizarse. Pensando, sí, podrían relacionarse. Le gustaba la vida un poco demasiado rápida.
Lástima que estaba de turno. Ansiaba un poco de acción y no del tipo que encuentra aquí, trabajando con cuatro chicos que no podía llamar amigos. No es que no hubiese hecho el esfuerzo -no, al diablo con eso. La amistad no debe venir con condiciones y Dios sabía que lo mejor de él nunca era suficiente.
Obligado por la vieja decepción, conjuró una imagen de curvas femeninas, muslos tonificados. Cabello largo, blanco cubriendo su pecho, ojos de color violeta manteniéndolo cautivo, mientras que sus cuerpos lisos se movían al ritmo de los golpes de la música…
La cual bajó abruptamente, explotando su fantasía hasta hacerla polvo.
—Por Dios, hombre. ¿Estás vendiendo entradas?
Julian miró hacia la puerta de la bahía. Zack Knight, Operador del camión de bomberos –alias conductor- se enderezó y se alejó de la radio portátil, con el teléfono celular pegado a la oreja. Knight se apoyó en la parrilla del grand quint, arrullando en el teléfono como un maldito tórtolo.
—... Sabes que no me importa, hermosa, —estaba diciendo Knight con la cara radiante de felicidad—. Cualquier color que quieras que tenga estará muy bien.
Sí, totalmente domado. 

Poniendo los ojos, Julián hizo un ruido exagerado de mordaza. Knight le disparó el dedo y una gran sonrisa y Julian no pudo resistir sonreírle de vuelta mientras cerraba la llave del agua. Así que el friki había conseguido un gran y acerado par después de todo. El amor debe hacer cosas raras con un hombre.
No lo sabía. Tampoco importaba.
—¡Salvatore!
Empezó, ahogando una maldición. Cristo, el capitán tenía una manera de llegar bajito y luego saltar de la nada para cortarle la cabeza a una víctima inocente, como una especie de maldito asesino ninja.
Julián se giró, pegando en su rostro su expresión más inocente- forzada, incluso en su mejor día.
—Hey, Cap. ¿Qué pasa?
Sean Tanner entró en su espacio personal, vibrando con ira desde la cabeza hasta los pies. Apoyó las manos en sus estrechas caderas, ajustando sus ojos verdes. Hoo-yah, esto sería gritado.
—Voy a decir ésto una sola vez. La mierda de adolescente se está poniendo vieja. Se acabó.
Julian le devolvió la mirada. ¿Qué demonios?
—¿Se supone que sé de qué estás hablando?
—La broma del tampón fue graciosa la primera vez, aunque inapropiada. Eres afortunado de que Eve no hiciera todo un problema con eso antes, pero ¿esto? Encadenarlos al otro lado de la puerta del baño de damas es ir demasiado lejos.
Knight cerró su teléfono celular, la metió en el bolsillo del pantalón y observó con interés. Julian se echó a reír. No pudo evitarlo.
—Hombre tienes que relajarte. Eve está bien y tú sabes que ella da tanto como quita.
El rostro de Tanner se endureció.
—Estoy harto, Salvatore. Saca la mierda antes de que termines con una queja formal en tu expediente.
El humor de Julian huyó.
—¿Por qué no te miras en el espejo, amigo, digamos que tres veces, y ves si caes en Kansas? No eres el único que está harto.
Las mejillas de Tanner se llenaron de color mientras balbuceó:
—¿Qué coño quieres decir con eso?
—¿Quieres que te lo deletree? Bien. Tú no estás haciendo un gran trabajo por ti mismo, pero no dudas en gritarle y molestar a todo aquel que no cumpla con tus estándares imposibles. —Julian suspiró, sacudiendo la cabeza—. ¿Sabes qué? Olvídalo. No voy a hacer esto. El punto es, que no fui yo quien sacó el truco. No tengo ni idea de quién lo hizo y, francamente, señor, no me importa un culo de rata. Si me disculpa, tengo un trabajo que terminar.
Por primera vez en su carrera, Julian le dio la espalda a un superior. Y le dolió un infierno más de lo que pensaba.
Porque en ese momento, en un arranque sorprendente de claridad, se dio cuenta de que Tanner había perdido su respeto.
Todo el mundo había pasado por momentos difíciles, los de Tanner más duros que la mayoría. Pero el capitán no era el único que había enfrentado una devastación total y vivió para contarlo.
¿Estás herido, hijo?
No, mamá.
Oh, no. No iría allí. Agarrando una toalla vieja, empujó el recuerdo en su compartimento a prueba de manipulaciones y comenzó a secar la ambulancia. Anhelaba estar en la parilla de Tanner, acomodarlo. Decirle al tenso bastardo que no tenía que permanecer arrinconado en la esquina de dolor y sufrimiento. Decirle –
—Maldita sea, deberías haber visto su expresión, —comentó Knight en voz baja, llegando a su lado.
—¿Se fue? —Julian no estaba dispuesto a darle a Tanner la satisfacción de mirar.
—Después de que se pensó como por dos segundos cortarte la cabeza, sí. —Knight hizo una pausa, parpadeando detrás de sus anteojos con marco de alambre—. Lo sorprendiste. Quiero decir, he sido muy bueno en no permitir que la tome conmigo, pero nadie lo ha confrontado así, salvo Six-Pack.
—Y Eve.
—Cierto.
El teniente Howard "Six-Pack" Paxton era el mejor amigo de Tanner, Eve Marshall era la única mujer bombero de su departamento. Six-Pack era una imponente torre de músculos de 1.98 metros, Eve tenía un cuerpo delgado pero resistente. Ninguno de los dos aguantaba mierda de nadie.
Julian empezó con el parabrisas, manteniendo la voz baja.
—¿Ya se programó la intervención?
—Iba de camino a hablar contigo al respecto cuando Cori llamó por teléfono. Six-Pack necesita reunirse con todos nosotros primero para que estemos alineados respecto a cómo proceder. Todos los demás están disponibles el viernes por la tarde. Pensábamos que cerca de las tres, en la casa nueva de Six-Pack y Kat. ¿Funciona para ti?
—Tengo una cita más tarde, pero seguro. Estaré allí. —Knight le dio una palmada en el hombro y luego se alejó. Julián trató de imaginar la reacción de Tanner cuando se diera cuenta de lo que habían planeado y se estremeció. Nadie quería escuchar a las personas más cercanas a él ventilar su problema con la bebida en un foro público. Tenía la sensación de que este abrazo de grupo gigante iba encender algo horrible. Para que conste, les había advertido.
Sin embargo, había que hacer algo antes de que Sean se suicidara.
Tres tonos altos sonaron por el sistema de intercomunicación dispersando sus pensamientos. La agradablemente espeluznante voz computarizada anunció un incendio en la cocina de uno de los pocos restaurantes de alto nivel en Sugarland.
Lanzando la toalla en la bahía, corrió hacia su equipo, casi aliviado por la distracción.
Casi. Si había aprendido algo en todos sus años como bombero, era que la complacencia en el trabajo era por lo general seguida de un desastre sin paliativos.
Podría conseguir una emoción oscura de tentar a la suerte, pero no era estúpido.
***
Julián agarró una manguera y fue corriendo por la entrada trasera del restaurante, con Tommy Skyler a su espalda. Comensales desplazados llenaban el frente y el lateral de la construcción y Julian les dio un vistazo mientras Skyler se aproximaba a la puerta de la cocina.
La mayoría de ellos parecían haber salido, pero algunos pocos espectadores veían los procedimientos con ávido interés. Como siempre, con los ojos errantes, se concentró en las mujeres, algunas vestidas casuales de negocios, pero algunas llevaban trajes de poder y clase. Incluyendo a una alta y esbelta rubia que estaba mirando directamente hacia él.
El reconocimiento le golpeó como si hubiera tocado un circuito en vivo, cargando su libido. Se detuvo tan abruptamente que Skyler chocó contra su espalda con una maldición.
Grace McKenna.
Un metro ochenta centímetros de deliciosa tentación de la que moja tus bóxers. La belleza de ojos violeta de sus más lujuriosas fantasías, la princesa de hielo que había ignorado cada uno de sus avances. Bueno, excepto aquel beso que encrespa los dedos del pie hace todos esos meses.
Y la advertencia de Six-Pack de mantener las manos fuera de su cuñada.
No podía tener a Grace.
Lo cual, por supuesto, sólo lo hacía quererla aún más.
—¿Qué estás haciendo? ¡Vamos, vamos! —Gritó Skyler.
Sacudiéndose para romper el contacto visual, corrió. ¿Qué estaba haciendo? Una fracción de segundo de distracción en el trabajo podía producir un bombero muerto. No estaba dispuesto a morir hoy y ciertamente no por una mujer.
Una mujer que no sufriría un momento de remordimiento si algo malo le pasaba a él.
Enfócate. La cocina estaba casi completamente envuelta en llamas, pero él y Skyler lograron poner el fuego bajo control con relativamente poca dificultad. La estufa presentaba el mayor problema, ya que el sistema de extinción en la rejilla de ventilación aparentemente había fallado. La unidad, cubierta en grasa y equipada con una cuba de freír, se había encendido como una antorcha, pero fue reducido rápidamente por Eve con espuma química.
Sin embargo, el calor era una molestia, hacía hervir su piel a través de la pesada ropa de protección. Sintió su olor a humo y sudor, y esperó que pudieran tener un descanso lo suficientemente largo entre llamadas como para colarse en la ducha.
A través de la entrada de la cocina, en el salón comedor del restaurante, vio a Eve unirse a Six-Pack para hacer un recorrido por las instalaciones. Six-Pack le mostró un pulgar hacia arriba para hacerle saber que todo estaba limpio, así que debían concentrarse sólo en el área de la cocina y asegurarse de que no quedaran puntos de riesgo remanentes.
Dejando a sus amigos manejar esa parte, Julián y Skyler cerraron la manguera y salieron por el camino por el que habían entrado. Skyler se encargó de ayudar a Knight a guardar la manguera y, mientras Julián se quitaba la máscara dejándola colgar alrededor de su cuello, observó que el joven había comenzado realmente a madurar en el último par de meses.
Julian sacudió la cabeza con una sonrisa triste. Sí, él era todo un experto en madurez.
Entonces no tuvo tiempo de pensar en Skyler porque, Dios mío, Grace se aproximaba a grandes zancadas hacia él, con una adorable expresión de más frescura y compostura que nunca. Si no lo supiera, habría pensado que estaba marchando hacia él para darle una citación. Después de meses ignorando sus llamadas, no podía imaginar qué demonios tenía que decirle.
Pero no podía ser bueno.
Y Yippee, fue sorprendido con la guardia baja y fuera de su ranura. Con su crujiente blusa bajo su chaqueta hecha a la medida, y el cabello en un elegante moño en la nuca, la mujer lucía como si acabara de salir de las páginas de Vogue. Un hombre igualmente bien vestido se perdía en su estela -¿su cita para almorzar?- mientras Julian era un apestoso y roído calcetín de gimnasio. Mierda. Sintiéndose auto consciente y odiándolo, pasó sus dedos por el pelo mojado, colgándose una sonrisa.
—Querida, escogiste un buen momento para aceptar mi invitación a cenar. Como puedes ver, estoy un poco mal vestido.
Grace se detuvo frente a él, con los ojos enormes suavizándose una mínima fracción. —Tuve que quedarme y asegurarme de que estuvieran bien—, dijo ella, con voz suave y melódica ribeteando con un pequeño indicio de preocupación.
Así como así, sus rodillas se debilitaron. Su corazón dio un vuelco brusco en su pecho y por una vez en su vida, no pudo pensar en nada inteligente que decir. La armadura de su ingenio sarcástico lo abandonó, dejándolo desnudo y retorciéndose.
—Yo... Estoy bien, Grace —dijo, encogiéndose de hombros.
—¿Y Howard? —Ella miró hacia el ardiente restaurante, preocupada por el marido de su hermana.
—Estamos todos bien. Sólo es otro día en la selva. ¿Cómo has estado? —¿Por qué no te has dado cuenta de que existo?
Agarrando su bolso, ella le dedicó una sonrisa amable que se apoderó de sus pulmones. —Ocupada. La mitad de la población necesita un abogado.
—Y todos son inocentes, estoy seguro.
—Por supuesto. Esos son los únicos a los que defiendo. —Como si de pronto recordara su cita para almorzar, miró al hombre de pie detrás de ella y le hizo un gesto de que se acercara—. ¡Oh! Señores, me disculpo. Derek, este es un conocido mío, Julian Salvatore. Trabaja con el marido de mi hermana. Julian, este es Derek Vines.
El nombre se estrelló contra él, un doble disparo en la cabeza y el intestino. Su mirada se volvió hacia el rostro guapo del hombre. Quince años mayor, pero el mismo rostro que rondaba sus pesadillas y cada momento de su vida. Un rostro que nunca había pensado volver a ver en esta vida o en la próxima.
No podía respirar. Estaba detenido bajo el agua. Su visión se hizo borrosa en los bordes.
Ahogamiento.
—Julian? ¿Estás bien?
Él parpadeó hacia Grace, luchando por respirar, aclarando un poco la niebla. Nunca se había desmayado y no estaba a punto de hacerlo ahora, frente a ella.
Frente al hombre que casi lo había destruido.
Este debía ser el castigo cósmico por su más terrible error y la vida promiscua que había llevado desde entonces. ¿No había sufrido lo suficiente, simplemente luchando cada día por superar el pasado?
—¿Julian? —Ella se giró hacia Vines—. Busca a alguno de los otros-
—¡No! —Él le dio lo que oraba porque fuera una sonrisa tranquilizadora, cuando lo que tenía que hacer era encontrar un baño y vomitar—. No, estoy bien. Es sólo... toda esta ropa y equipo está más caliente que el infierno. Vines, encantado de conocerte, —dijo.
Porque así es como una persona normal saludaba a otra. Un chico normal también habría sacudido su mano, pero no se atrevería a hacerlo. Ni siquiera bajo tortura.
Antes de que Vines pudiera abrir la boca, Julian tomó el brazo de Grace.
—Necesito hablar contigo en privado.
Vines puso una expresión de desconcierto, sin una chispa de reconocimiento en sus ojos. Gracias a Dios. Julian dirigió a Grace hacia la parte trasera de la ambulancia, consciente del ceño fruncido con desaprobación del capitán y las miradas curiosas de los otros chicos. Los ignoró a todos, llegando directamente al grano.
—¿Qué demonios estás haciendo con un canalla como Derek Vines?
Punto. Esa malditamente irritante, fría sofisticación resbaló varias muescas y lo miró boquiabierta, erizada.
—Derek Vines es mi cliente, no es que sea asunto tuyo.
—¿En serio? lo llamas Derek, no Sr. Vines, —puntualizó, luchando por mantener la calma. Y perdiendo.
—Derek es un conocido de la familia, lo que tampoco es asunto tuyo. Si me disculpas-
—Corta a ese gilipollas. Confía en mí en esto.
—Suelta mi brazo, —dijo entre dientes, señalando la extremidad en cuestión.
Parpadeando, soltó su mano de la manga. Ni se había dado cuenta de que la había sujetado. —Lo siento. Pero, por favor escucha, —suplicó él, inyectando su voz con toda la sinceridad que poseía. En lo que se refería a Vines, no era difícil—. Vines es extremadamente peligroso, Grace. No tienes ni idea.
Era evidente que quería irse, pero dudó, la ira templada por la curiosidad. —¿Cómo lo sabes?
Oh, Dios. —Sólo... confía en mí.
—No es suficiente. Yo no te conozco.
—¿Sí? Bueno, tampoco conoces a Vines o nunca lo habrías aceptado como cliente. ¿Sólo defiendes inocentes? —Él dio una risa amarga y se pasó la mano por su rostro sucio—. Jesucristo, Grace. Ni siquiera tú puedes estar en lo correcto en cada caso, acerca de cada persona, y no estás en lo correcto respecto a él.
—¿Cómo es eso? Tírame un hueso, Salvatore, o me voy.
Salvatore. El pervertido es "Derek" y yo soy "Salvatore". Genial.
¿Qué podía decirle cuando estaba temblando por dentro, tratando de no chocar sus rodillas?
—Yo crecí en San Antonio, Texas, igual que Derek. Basta con decir que tiene problemas con todo el mundo que es lo suficientemente desafortunado como para cruzarse en su camino. Haz un poco de investigación.
—Está bien, —dijo ella, asintiendo con la cabeza ligeramente—. Puedo hacer eso.
—Luego suelta al bastardo como malas noticias de ayer, porque eso es lo que es.
La ira animó su cara otra vez y supo que nunca había visto a una mujer más hermosa. Apestaba que su furia fuera dirigida a él, pero era mejor para ella estar al tanto de la víbora con la que trataba
—Gracias por la información, aunque sea vaga, pero seré yo quien decida qué clientes asumir. —Una extraña expresión nubló la ira por un segundo mientras sostenía su mirada y luego desapareció—. Adiós, Julian.
Adiós. Al menos había usado su nombre otra vez. ¿No era eso una señal positiva?
Y en realidad nunca lo había rechazado, ¿no es así?
—¿Por qué no dijiste simplemente que no? —Espetó el, maldiciéndose internamente por ser un idiota.
Grace se detuvo, mirando por encima del hombro, sus ojos violeta frescos como siempre. La irritación se había ido, sin embargo el fantasma de una sonrisa se cernía sobre esos labios carnosos. —Tal vez simplemente no dije que sí.
Con la mandíbula apretada, la vio alejarse, un pequeño y redondo trasero oscilando en una falda apretada. Maldita fuera por encadenarlo.
Una mano sujetó con fuerza su hombro. —Oh, muchacho. A nuestro Latin lover le va mal. —Six-Pack se puso delante de él, sacudiendo la cabeza—. He tratado de advertirte. Olvídate de ella. Grace es tan difícil de alcanzar como el viento.
—Tú sólo tienes miedo de que le rompa el corazón a tu preciosa cuñada.
La expresión del teniente se puso seria. —Ya no es así, mi amigo. Tengo miedo de que ella rompa el tuyo.
Six-Pack se alejó y Julián miró, aliviado, como Grace y Derek Vines se iban en coches separados. Incluso si ella no era su asunto, se preocupaba por su seguridad. Ella estaba representando a un monstruo y él no podía hacerla entender verdaderamente.
No, a menos que le contara todo.
Y eso nunca iba a suceder.
Así como que Grace aceptara su invitación a cenar.
Tenía que dejar de lado esta fijación en ella. Se reducía a lujuria. Infatuación. Nada más.
Había un montón de mujeres que lo deseaban, aun cuando Grace no lo hiciera.
El problema era que darse por vencido y seguir adelante nunca había lastimado demasiado.
Gracias a bookzinga

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