2 de julio de 2012

El Ragnarök y sus orígenes



Dice la profecía de la vidente: 

‹‹Habrá una batalla final entre las fuerzas celestes y las del Inframundo. Será una lucha encarnizada que dará origen y final a los tiempos conocidos. Ésta será la últi­ma guerra en la que los dioses llegarán a su ocaso y dónde demonios y humanos perecerán en el día llamado “El final de los tiempos”, el Ragnarök››. 

En la visión de la völva, Odín, conocido como ‹‹El padre de todos››, moría a manos del lobo Fenrir, liderado por Loki. Se desataba el caos y la humanidad desaparecía. 
De los dioses escandinavos, sólo Njörd regresaba a Vanenheim de nuevo. El resto moría en la guerra contra las fuerzas del Mal. 
Después de tan oscuro presagio, la völva hablaba del resurgir de un nuevo amanecer. Un futuro más brillante en un nuevo mundo. 
El Ragnarök se origina cuando Loki, hijo de los gigantes Farbauti y Laufey, que una vez había sido proclamado hermano de sangre por Odín, más tarde declarado enemigo acérrimo del mismo y nombrado ‹‹el trai­dor›› por todos los dioses, se niega a arrodillarse ante la raza inferior huma­na. Odín quiere que los humanos evolucionen y lleguen a convertirse en maestros de sus propios maestros, pero Loki se niega a dar una oportuni­dad a la humanidad, pues, según él, no merecen tal misericordia. 
Cuando el dios Aesir escuchó de boca de la vidente el poema profético sobre su destino, decidió tomar cartas en el asunto para que aquello no sucediera. No podía permitir que la profecía se cumpliera, él no podía des­aparecer, la humanidad no podía ser aniquilada, así que secuestró a Loki, ‹‹El origen de todo mal››, del Jotunheim, y lo encarceló en el Asgard en una cárcel invisible de rocas de cristal. Odín ya sabía que nadie podía fiarse de Loki pues era un timador, un dios transformista que adoptaba mil caras distintas cuando mejor le convenía. Él mismo había sufrido de la peor manera las artimañas de tamaño engañador y su querido hijo Balder había perdido la vida debido a sus maquinaciones. 
Sin embargo, Loki, a través de uno de sus famosos engaños, se escapó de la cárcel y descendió al Midgard, la Tierra, para reírse de la humanidad y truncar el proyecto de Odín. 
Fue entonces cuando las dos familias del panteón escandinavo que habían vivido enemistados en otros tiempos, los Aesir, liderados por Odín, y los Vanir, unieron sus fuerzas de nuevo y crearon a los berserkers y a los vanirios para proteger a la humanidad de las fechorías de Loki, el hijo de los Jotuns. 
Odín fue el primero que escogió a sus guerreros einherjars, vikingos inmortales, y los tocó con su lanza otorgándoles el Od, la furia animal, convirtiéndolos así en guerreros berserkers con semejanzas genéticas e ins­tintivas a la de los lobos, su animal favorito. Los hizo descender a la Tierra con el objetivo de mantener a Loki a raya, y durante un tiempo fue posi­ble, pero las mujeres humanas eran muy atrayentes para ellos, así que man­tuvieron relaciones sexuales e hibridaron la raza pura berserker. 
El dios gigante Loki consiguió llevar a su terreno a algunos de los híbri­dos, ya que al ser de naturaleza semihumana eran mucho más débiles y susceptibles a las promesas y a los deseos que él les ofrecía a cambio de unirse a sus filas. Transformó a todos los que se fueron con él en lobeznos, seres abominables y sedientos de sangre que podían parecer humanos, pero que al mutar, se convertían en auténticos monstruos asesinos, los lla­mados hombres lobo. Loki conseguía de esa manera mofarse de Odín y de su creación. 
El Midgard entonces se descontroló, cada vez eran menos los berserkers hibridados capaces de ignorar y negar a Loki. La Tierra entraba en una época convulsa de oscuridad y guerra donde no había cabida para la luz ni la esperanza. 
Fue en aquel momento cuando los Vanir, al ver el escaso éxito que había tenido Odín para mantener a Loki a raya, apoyaron al dios Aesir y crea­ron una raza propia de guerreros que además les pudiera representar en la Tierra. Sin embargo, los Vanir no tenían conocimiento sobre manipula­ción de armas ni tampoco sobre guerra. Ellos eran los dioses de la belleza, el amor, el arte, la fecundidad, la sensualidad y la magia: no sabían nada de destrucción. Así que hicieron una criba con los guerreros humanos más poderosos de la tierra y los mutaron, otorgándoles dones sobrenaturales. 
Los dioses Vanir Njörd, Frey y Freya escogieron a miembros de algunos clanes humanos que entonces poblaban la tierra y a cada uno les otorgó dones fascinantes. Pero también, temerosos de que alguna vez pudieran sobrepasarles en poderes, les dieron alguna que otra debilidad. 
Así nacieron los vanirios, seres que una vez fueron humanos y a quie­nes los dioses añadieron una fuerza sobrenatural convirtiéndolos en hombres y mujeres inmortales. Eran telépatas, telequinésicos, podían hablar con los animales, podían volar, tenían colmillos como sus creadores Vanir, pero no podían caminar bajo el sol y además soportarían el tormento de la cruz del hambre eterna hasta que encontraran a sus parejas de vida, hombres y mujeres especiales capaces de entregarles todo aquello que sus corazones anhelaran. Pero Loki, conocedor de la insaciable sed vaniria, también los tentó ofreciéndoles una vida en la que el hambre podría sol­ventarse sin remordimientos de conciencia. A cambio, ellos sólo tendrían que entregarle su alma y unirse a su ejército de jotuns. Los más débiles, aquellos que se plegaron a su oferta, aceptaron el trato y se convirtieron en vampiros, seres egoístas que absorben la vida y la sangre humana. Asesinos. 
Ahora, ante el refuerzo y la ofensiva de Loki y su séquito, los vanirios y los berserkers que no se han vendido a él se verán obligados a aparcar todas sus diferencias y a permanecer unidos para luchar contra todos aquellos que se han confabulado para conseguir que el Ragnarök llegue a la tierra y se pueda destruir así a la humanidad. Lobeznos y vampiros, berserkers y vanirios que han traicionado a sus propios clanes, y humanos ávidos de poder, deseosos de recibir todo aquello que Loki les ha prometido, no cesarán en su empeño hasta que llegue el final de los tiempos y Odín les jure pleitesía. 
Estos seres sobrenaturales, antagónicos entre ellos, conviven con nosotros  día a día, forjando su propia historia, librando su propia batalla. Unos nos defienden, los otros nos atacan. Unos esperan nuestra aniquilación, y los otros se sienten obligados a defendernos y luchan por nuestra salvación, sin ser conscientes de que mientras nos salvan, alguno de nosotros también puede salvarlos a ellos. 
Los humanos somos la raza débil, estamos justo en medio, viviendo nuestras propias vidas, ignorantes de aquello que nos rodea. Pero incluso la raza menor puede dar lecciones a las razas superiores, como por ejem­plo que en la guerra y en la venganza el más débil es siempre el más feroz. 
La batalla final entre el Bien y el Mal lleva labrándose desde hace tiempo, pero esta vez, las pasiones, los anhelos, la amistad, el corazón, el amor y la valentía, serán factores decisivos en su desenlace. 

El Ragnarök se acerca. 
Y tú, ¿de parte de quién estás? 
  • No existe la luz sin la oscuridad. 
  • No se concibe el bien sin el mal. 
  • No hay perdón sin ofensa. 
  • No hay redención sin rendición. 
En un mundo de opuestos en el que vivimos, unos seres inmortales vie­nen a protegernos no sólo de Loki, sino también de nosotros mismos. 
La línea entre lo que es bueno y lo que no es muy subjetiva, demasia­do fina para nosotros, pero invisible para seres que desde hace milenios están luchando por una raza humana que demuestra muy pocos escrúpu­los en todas sus acciones y decisiones. ¿Merecemos ser salvados? 
  • Todo es posible. 
  • Todo está permitido. 
  • Y todo es más real de lo que creemos. 



Serie Vanir-Lena Velenti

No hay comentarios:

Publicar un comentario