2 de junio de 2012

Capitulo #1 de Envy (J.R.Ward)


Fue en la primavera, en una oscura noche de abril, cuando el detective Thomas DelVecchio Jr. Se enteró que las pesadillas podrían, de hecho, saltar de la mente hacia la vida real.


Desafortunadamente para él, no era exactamente una noticia de última hora.


La sangre estaba por todas partes. Brillante y roja a la luz de la luna, era como si un galón de pintura hubiese sido abierto y hubiera salpicado todo, no solo el suelo del bosque… pero el hombre yacía destrozado e inmóvil en una cama de hojas en descomposición.


A los pies de Veck.


De cualquier forma, toda esa mierda de color rojo no era pintura látex de interior. O una mezcla a base de aceite. O pintura para exterior. No se podía comprar en Home Depot o Lowe [1], y no se limpiaba con aguarrás o usando una película barata.


La vida real estaba justo ahí. Con fugas por toda la mierda.


¿Qué había hecho? Querido Dios…


Arrancando su chaqueta de cuero, arrugó la cosa y arrodillándose, la apretó contra el tórax expuesto del hombre. Los murmullos se mezclaban con las fuertes ráfagas de aliento que salía de Veck cuando lo miró, los ojos del hombre se iban opacando. Muy rápido.


—¿Te maté? ¿Verdad?



No hubo respuesta. Por otra parte, la garganta del bastardo probablemente fue colgada en la rama de algún lugar.


Mierda… oh, mierda… era como la noche en que su madre fue asesinada.


A excepción de que en esta ocasión, era él quien había rebanado a alguien.


Lo que sabía con seguridad era que había tomado su motocicleta, condujo hasta aquí, esperando en el bosque por este sicótico PDM [2],. —todo el tiempo repitiéndose a sí mismo la mentira de que estaba a punto de capturar a un “sospechoso” en custodia.


La palma de su mano había dicho la verdad. Cuando su presa finalmente llegó, el cuchillo había estado en su mano, y él era como una sombra en su ropa deliberadamente negra, cerrándose sobre él…


El Moore Motel & Suites estaba a solo catorce metros de distancia, al otro lado de los arbustos y pinos. Iluminadas por luces amarillas de seguridad, la raída fila gente en busca de renta por una noche u la hora, era la razón por la que tanto él como el indiscreto asesino habían salido esa noche.


Los asesinos en serie a menudo tomaban trofeos de sus víctimas. Incapaces de formar lazos emocionales con la gente, necesitaban la representación física del fugaz poder que tenían sobre su presa. La emoción residía más en los objetos o restos de las personas que masacraban. David Kroner había perdido su colección de recuerdos hace dos noches. Cuando su trabajo aquí se había interrumpido y la policía invadió dentro…


Así que por supuesto él volvería a donde había estado con el control la última vez. Era lo más cerca que podía llegar a tener todo lo que una vez había tenido.


—He llamado a una ambulancia. —Veck se escuchó a sí mismo, sin saber que había hablado.


Entrecerrando sus ojos, se concentró en la última habitación del motel, uno de los extremos estaba más cerca de donde se encontraban, y más lejos de la oficina. Un oficial del Departo de Policía de Caldwell había sellado la evidencia que estaba pegada a la puerta y el marco, y la cinta de la escena del crimen silbaba en el viento a su alrededor. Entre un parpadeo y el siguiente, vio lo que él y los otros oficiales habían encontrado allí la noche anterior: otra mujer joven, recién asesinada y en proceso de ser elegida como más carme de recuerdo.


Más gorgoteo.


Volvió a mirar hacia abajo. El hombre que estaba sangrando debajo de él, era enjuto y delgado, pero las victimas de David Kroner habían sido mujeres jóvenes entre los dieciséis y los veinticuatro, por lo que no necesitaba ser un gorila para hacer el trabajo. El cabello rubio rojizo era más delgado en la coronilla. La piel del muchacho que una vez había sido blanca pálida era ahora gris, o por lo menos en las partes que no estaba cubierto de sangre.


Navegando en su base de datos, Veck trató de recordar que demonios había sucedido. Después de esperar por lo que se había sentido como días, un chasquido de ramas había hecho que mirara a su alrededor y había encontrado a Kroner de puntillas entre los pinos. En el instante que vio al hombre, su mano se había movido hacia su cuchillo, su cuerpo se había agachado y entonces él…


Hijo de puta.


El dolor de cabeza llegó rápido y fuerte, como si alguien hubiera golpeado con clavos para techo en su lóbulo frontal. Orientando una mano, apareció la izquierda y pensó, bueno, genial. Cuando llegó la ambulancia lo médicos pudieron tratarlo por una aneurisma.


Por lo menos les daría algo que hacer. Kroner ya estaba tieso en el momento que llegaron aquí.


Cuando el grito de dolor se desvaneció un poco, Veck tuvo otro recuerdo… que eliminó de golpe su primer momento en la tierra del Excedrin[3],  y lo cerró otra vez. Con la nueva ronda de agonía que florecía en su cráneo como un ramo de flores rojo brillante, cerró los ojos y consideró vomitar. Y mientras debatía con sus entrañas sobre vomitar o no, pensó que era hora de ser honesto consigo mismo. Como su memoria a corto plazo tenía un gran agujero en el culo, el hecho era que había venido a matar a este perverso hijo de puta que, según la cuenta hasta ahora, había violado por lo menos a once jóvenes desde Chicago hasta Caldwell en el último año.


Horrible, por supuesto. Pero era un aficionado comparado con el padre de Veck: El Señor Thomas DelVecchio en un lapso de tres meses había hecho un libro para tipos como Kroner. Y precisamente era ese linaje que había hecho que Veck no solo estuviera sobre una ambulancia, con su parte homicida.


Por mucho que odiara admitirlo, era hijo de su padre. Él había venido a matar.


Periódicamente. Y el hecho que su víctima había sido un idiota violento no era más que un filtro socialmente aceptable sobre la realidad.


En esencia, esto no había sido por vengar a las chicas muertas. Y joder, lo que había conocido esa noche era inevitable. Durante toda su vida la sombra estuvo detrás de él, guiándolo, seduciéndolo, tirándolo hacia una escena de mucha destrucción. Así que tenía sentido que no recordara nada. Su otra mitad lo había logrado por fin y no había cedido el control hasta que la violencia estuvo hecha. ¿La prueba? En algún lugar de la parte posterior de su cabeza estaba el eco de una risa, maniática y satisfecha.


Si bien, obtuvo su diversión, pensó en ello. Porque no iba a permitirse ir demasiado lejos sobre los pasos de su padre.


El sonido de las sirenas que venía del este, se hizo más fuerte, rápido. Al parecer, él no era la única persona que escuchó el acercamiento. Un hombre salió de unas de las habitaciones del motel, y corrió con una capucha, se sacudía porque había dejado abierto su bragueta. Fue un poco difícil para él sacar las llaves teniendo en cuenta que estaba tirándose de los pantalones al mismo tiempo. El siguiente en abandonarlo fue una mujer de aspecto rudo que trepó a un viejo Honda Civic mientras que tiraba hacia abajo su minifalda.


Sus salidas chillantes significaban que el aparcamiento era bueno y estaba vacío, cuando la ambulancia chocó en la carretera y se detuvo frente a la oficina. Un médico en el lado del pasajero salió, y lo que tenía que ser el jefe abrió la puerta de cristal, Veck silbó fuerte y claro. —“¡Por aquí!”


El jefe al parecer no tenía ninguna intención de involucrarse y se agachó de regreso en el interior. Pero el médico condujo más y la ambulancia avanzaba lentamente a través del estacionamiento. Y a medida que se centraron en él, Veck estuvo completamente tranquilo, muerto en calma.


Intocable como la luna fría y distante que velaba en la noche negra como la tinta.
Cogería a su lado oscuro. Lo haría. Y lo iba a ser pagar.










La oficial de Asuntos Internos Sofía Reilly iba como un murciélago salido del infierno en su auto policial, disparada a través de la desaliñada región apartada de Caldwell.


Mientras subía las curvas y vueltas de de la Ruta 149 en una carrera muerta, el hecho que estuviera de camino a una escena del crimen no contaba con su alta velocidad: conducía rápido. Comía rápido. Odiaba esperar en las filas, esperar a la gente, y esperar información.


Si sólo pudiera evitar chocar contra un ciervo antes de llegar al Motel Monroe & Suites —Cuando su teléfono celular sonó, lo tenía a su oído antes del segundo timbrazo.


—Reilly.


—Detective De la Cruz. Hola ¿Adivina a dónde me dirijo?


—¿Quién la llamó?


—El despacho. Su pareja está en mi lista de cosas por hacer, así que cuando él marcó a la ambulancia, y se retrasa en medio de la noche, y dice que no sabe que le pasó a la víctima, soy llamada.


Desafortunadamente, era algo con lo que estaba familiarizada. Thomas DelVecchio Jr. Había estado trabajando en homicidios por solo dos semanas, y ya había rozado una posible suspensión por golpear a un paparazzi que había tratado de colarse para tomarle una foto a una víctima. Y la posible suspensión era un juego de niños comparado con este nuevo lío.


—¿Cómo te enteraste? —preguntó ella.


—Me despertó.


—¿Qué te dijo?


—Seré honesto.


—Usted siempre lo es, Detective.


—El sonaba bien. Se quejó de un dolor de cabeza y pérdida de memoria. Dijo que había mucha sangre y que estaba cien por ciento seguro que la víctima fue David Kroner.


Mejor conocido como el enfermo bastardo que había trinchado a las jóvenes y había guardado sus partes y pedazos. La última sesión de “trabajo” del hijo de puta la había realizado la noche anterior en el Motel, y había sido interrumpido por desconocidos.


Después del disturbio, Kroner había escapado por una ventana del baño, dejando tras sí un cadáver trágicamente despedazado, y una camioneta llena de frascos con muestras y otros objetos. Todos los cuales estaban siendo catalogados en el cuartel general y con referencias cruzadas en todo el país.


—¿Le preguntó si lo hizo? —Como miembro de Asuntos Internos, Reilly investigaba las fechorías de sus propios colegas, y aunque ella se sentía orgullosa de su trabajo, no le gustaba el hecho que la gente lo describiera como algo que tuviera que hacer.
Sería mucho mejor si todos, incluyendo los policías, cumplieran con las reglas y leyes.


—Me dijo que no sabía.


¿Perdió el conocimiento mientras cometía un asesinato? No era poco común.


Especialmente si se trataba de un crimen pasional, como,  oh por ejemplo, un detective de homicidios agarrando a un devaluado asesino en serie. Y Veck ya había demostrado ser un impulsivo en la protección o defensa de las víctimas. Bueno, una clase de impulsivo. El tipo era brillante, y un impulsivo muy sexy.


No es que su atractivo fuera relevante.


En lo más mínimo.


—¿Cuál es su tiempo estimado de llegada, Detective? —preguntó ella.


—Unos quince minutos.


—Estoy alrededor de un kilómetro de distancia. Nos vemos allí.


—Copiado.


Para un miembro de la fuerza ser un posible sospechoso en la investigación de un asesinato, y después de lo que Veck había dicho en el despacho, las probabilidades de que Kroner sobreviviera eran pequeñas. Creando todo tipo de conflictos de intereses. La mayoría de las veces, la gente de Asuntos Internos trataban con la corrupción, las infracciones de procedimiento, y las investigaciones sobre la competencia en el puesto de trabajo. Pero en una situación como ésta, los miembros del propio departamento de Veck se encontraban en una situación difícil de evaluar si uno de los suyos había cometido un crimen.


Maldición, dependiendo de cómo era, ella podría necesitar llevarlo ante el llamado de un panel externo. Pero era demasiado pronto para eso. Sin embargo, no era demasiado pronto para pensar en el papá de Veck.


Todo el mundo sabía quién era el hombre, y tuvo que admitir que si ese lazo de sangre no hubiera estado en su foto, no estaría tan alerta… con la preocupación de atrapar lo que podría ser un DelVecchio, por así decirlo.


El Sr. Thomas fue uno de los asesinos en serie más famoso del siglo XX. Oficialmente, había sido acusado y condenado “sólo” por veintiocho asesinatos. Pero él había estado implicado en más de treintena, y eso era precisamente lo que las autoridades en cuatro estados conocían. Sus posibilidades eran buenas, había docenas de mujeres desaparecidas que no habían sido debidamente vinculadas a él.


Así que si el padre de Veck hubiese sido un abogado o un contador o un maestro, no estaría tan afectada. Pero en conjunto como las manzanas no caían lejos de los árboles, había malas implicaciones cuando se trataba de asesinos en serie y sus hijos.
Después se acercó un puente en cuclillas, ya en el Monroe Motel & Suites,  fue arriba a la derecha, y salió pasando por la oficina y el pasillo de habitaciones hasta el otro extremo de los estacionamiento hacia el bosque. Salió con su mochila llena de cosas necesarias. El dulce diesel de la ambulancia la hizo estornudar fuerte, y en consecuencia captó el aroma de las ramas de pino… así como la inconfundible esencia de cobre de la sangre fresca.


Los médicos tenían su vehículo en un ángulo en que las luces quedaban frente al bosque, y los paramédicos estaban trabajando sobre el cuerpo ensangrentado de un hombre caucásico.


La ropa de la víctima había sido cortada o arrancada, y lo que estaba debajo de ella era arte sobre carne viva, demasiadas heridas para contarlas.


De ninguna manera iba a vivir, pensó.


Y entonces vio a Veck. El detective de homicidios se encontraba a un lado con los brazos cruzados y los pies, su rostro mostraba. . . absolutamente nada. Justo como De la Cruz había dicho.


Cristo, el hombre podría haber estado en una fila para pedir un sándwich.


Mientras caminaba sobre la cama esponjosa de hojas caídas y la tierra blanda, sintió un repentino deseo de reforzar su propio ánimo. Así que, si era sincera con ella misma, no estaba en una escena del crimen. Él era un hombre que había llegado aquí también.


Enfocando, vio la motocicleta negra estacionada en el borde del bosque. Era la de él, lo había visto antes en el cuartel. De hecho, ella lo observaba desde su ventana mientras él subía la cosa, daba el pistoletazo de salida, y arrancaba. Llevaba casco. La mayoría del tiempo.


Sabía que muchas mujeres en la comisaría veían lo mismo, pero de nuevo, no había mucho que mirar. Entre sus fuertes hombros y sus apretadas caderas, estaba construido como un boxeador, pero su rostro era más de niño bonito que de boxeador, o lo habría sido, si no fuera por su mirada.


Con aquellos fríos e inteligentes ojos azules oscuros, tenía la estructura ósea de un modelo masculino de J.Crew . Y algo más.


Al detenerse frente a él, lo primero que notó fue la sangre en su cuello de tortuga negro. Puntos aquí y allá, manchas o parches no muy grandes. Sin rasguños en el rostro. O el cuello. Su ropa y sombrero se encontraban en buen estado, nada fuera de orden, roto o desgastado. Dos círculos de barro se encontraban en las rodillas de su pantalón negro. Su arma estaba enfundada. Claro, si es que había otras armas sobre él.


Él no dijo nada, no hubo un “No hice nada” o “Puedo explicarlo…


Sus ojos se centraron en los de ella, y…  eso fue todo.


Abandonando el placer dijo: —El sargento me llamó.


—Me di cuenta.


—¿Estás herido?


—No.


—¿Puedo hacerte algunas preguntas?


—Adelante.


Dios, estaba controlándose a sí mismo. —¿Qué lo trajo aquí esta noche?


—Sabía que Kroner iba a volver. Él tenía que hacerlo. Con su colección incautada,  no le quedaba nada de su trabajo, por lo que este es un lugar sagrado para él.


—¿Y qué pasó después que vino aquí?


—Esperé. Él vino... y luego...  —Dudó Veck, sus cejas se apretaron antes de que acercara una mano y se frotara la sien. —Mierda...


—¿Detective?


—No puedo recordarlo. —Él la miró a los ojos de nuevo. —No puedo recordar nada después de que él se presentó, y por Dios que soy honesto. En un momento él iba en medio del bosque, y ¿al siguiente? Había sangre por todas partes.


—¿Puedo ver sus manos, detective? —Cuando las tendió, estaban firmes como una roca... y no tenía marcas, cortaduras o abrasiones. No había sangre en las palmas, los dedos, o las uñas. —¿Ha evaluado a la víctima o intervino con él de alguna manera antes o después de llamar al nueve-uno-uno?


—Tomé mi chaqueta de cuero y la puse en su cuello. Sabía que no iba a ayudar, pero lo hice de todos modos.


—¿Lleva más armas aparte de la de fuego?


—Mi cuchillo. Está en mi–


Ella puso su mano sobre su brazo para detener a su alcance en todo. —Déjame echar un vistazo.


Asintiendo con la cabeza se giró sobre sus talones. A la luz de la ambulancia, la hoja de aspecto repugnante estaba enfundada en la parte baja de su espalda en una laceración a punto de ocurrir.


—¿Puedo mover esta arma, Detective?


—Tómela.


Agarrando un par de guantes de vinilo de la mochila, las chasqueó y fue a por la daga. Mientras tiraba para aflojar la presión, el cuerpo de él no cambió en absoluto. Ella bien podría estar desarmando a una estatua.  Elevándola a su nariz, inhaló.  No había olor de astringentes como si la hubiera limpiado en un apuro.


Mientras él miraba sobre su hombro, la torsión de su cuerpo hizo que se vieran enormes, y sin una buena razón, se dio cuenta que estaba cara a cara con sus pectorales. De cinco a seis pies, ella era de estatura mediana, pero junto a él se sentía como si se hubiera reducido a una miniatura.


—Voy a confiscar esto, ¿si no te importa?  —iba a tomar su arma, sí, pero teniendo en cuenta las lesiones. . . la hoja era lo que realmente quería de él.


—No, en absoluto.


Cuando tomó una bolsa de plástico de su saco, dijo: —¿Qué crees que ocurrió aquí.
—Alguien lo destrozó, y creo que fui yo.


Eso la detuvo, pero no porque pensara que era una admisión de cualquier tipo, sino porque no esperaba que nadie en esas circunstancias fuera tan honesto.


En ese momento, un auto oficial se detuvo en el estacionamiento, junto con dos autos patrulla.


—Su pareja ha llegado, —le dijo. —Pero el sargento quiere dirigir la investigación para evitar cualquier posible conflicto de intereses.


—No es problema.


—¿Quieres mi consentimiento para la toma de muestras de las uñas?


—Sí.
Ella cambió el paquete en frente de nuevo y sacó el cuchillo del ejército suizo, junto con algunas bolsas de plástico más pequeñas.


—Es muy organizada, Oficial. —dijo Veck.


—No me gusta no estar preparada. Por favor, sostenga a la mano derecha.


Ella hizo un trabajo rápido, empezando por el meñique. Sus uñas estaban cortas, pero no cuidadas, y había muy poco en algunas de ellas.


—¿Tiene experiencia en el trabajo de detective? —preguntó Veck.


—Sí.


—lo demuestra.


Cuando terminó, miró hacia arriba. . . y de inmediato la tuvo que desviar de sus ojos azul oscuro a algún lugar de su barbilla. —¿Quiere otra capa, Detective? Hace frío aquí afuera.


—Estoy bien.


Se preguntó, si en el caso que estuviera sangrando de una herida en el pecho ¿tomaría una maldita curita? O ¿Sería del tipo duro hasta quedarse sin plasma en las venas?


Era del tipo duro, pensó. Por supuesto.


—Quiero que los médicos te revisen–


—Estoy bien–


—Eso era una orden, Detective. Te ves como si te doliera la cabeza.


En ese momento, De la Cruz salió de su coche y mientras se acercaba, se veía triste y cansado. Él ya había perdido a su pareja un par de años atrás, era evidente que no estaba mentalizado en volverlo a pasar, aunque fuera por una razón diferente.


—Discúlpenme, —le dijo a los dos. —Iré con los médicos.


Excepto que cuando ella llegó a los dos hombres que estaban en proceso de transferir a Kroner en la camilla, ya estaba claro que no podían perder ni un minuto.


—¿Cuáles son sus posibilidades?


—Malas, —dijo el que lo estaba embolsado. —Pero haremos nuestro mejor esfuerzo, oficial.


—Sé que lo harán.


La camilla compacta se abrió a fin que estuviera a la altura de la cintura, y justo antes de que se fuera rodando, tomó una fotografía mental. Kroner parecía sacado de los restos humeantes de un automóvil, tenía el rostro destrozado como si no llevara el cinturón de seguridad y se hubiera salido por la ventana.


Reilly volvió a mirar a Veck.


Ella pensó que había muchos huecos en esta escena. Especialmente teniendo en cuenta que él creía que había sido el agresor. Pero no había manera de hacer tanto daño y limpiar tan rápidamente en el bosque.


Además, no se veía como si hubiera estado en algún altercado, no había manera de que el agua y el jabón pudieran deshacerse de los moretones y rasguños.


La pregunta era. . . ¿Quién lo había hecho?


Como si pudiera sentir sus ojos sobre él, la cabeza Veck se giró, y cuando sus miradas se reunieron, desapareció todo: bien podría haber estado a solas con él... y no de pie a quince metros de distancia, pero a quince pulgadas…


De la nada, un calor que brotó en su cuerpo, el tipo de cosas que si hubiera estado en casa, se diría que era el resultado de estar bajo un conducto de calefacción. Así, justificaría el sonrojo como una respuesta suprarrenal al estrés.

Estrés,
maldita sea. No atracción sexual.



Reilly rompió la conexión llamando a los uniformados recién llegados, —Cierren la escena.


—Recibido, oficial.


Bien, hora de regresar al trabajo: Ese breve repunte de atracción totalmente inapropiado no iba a ponerse en el camino de  hacer su trabajo. Ella era demasiado sensata, por un lado y por otro, su integridad profesional no exigía nada menos.


Ella no tenía ninguna intención de estar en la muy larga lista de admiradoras de ese hombre. Iba a tratar con los negocios, y dejar al Pastel para los ojos a todas las demás.


Además, los tipos como Veck no eran para las mujeres como ella, y estaba bien. Ella estaba mucho más interesada en el trabajo que en mostrar sus piernas, arreglar su pelo, y competir en los Juegos Olímpicos de las citas.
Brittany—que se escribía Britnae, mejor conocida como la oficial sexy, podía tenerlo y mantenerlo si ella quería.


Mientras tanto, Reilly iba a ver si el hijo vivía o no los horrores de su padre.


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1- Tiendas departamentales.


2- PDM = Pedasos de Mierda. (POS) Piece of Shit en el original.

3- Exedrín: es un medicamento combinado de paracetamol, aspirina y cafeína, utilizado comúnmente para tratar migrañas.

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