4 de junio de 2012

Capitulo 1 -Branded by Fired ( Nalini Sing)


Gracias por la Traducción al Blog CarpeDreams


Capítulo 1
Mercy quitó una rama seca de su camino y lo miró. "Palo estúpido." Por supuesto, no era que el indefenso palo estuviera molestándola, sólo tuvo la mala suerte de estar en su camino. Con los hombros encorvados, hizo su salida desde el Círculo de la manada y la continua juerga de Dorian. La ceremonia de parejas. Era repugnante ver cuanto de enamorado estaba su mejor amigo de su compañera. De hecho, todos los centinelas o lo estaban o acababan de comenzar con ello. “Clay haciendo ojitos a Tally, por no hablar de Luc y Sascha.”
Luego estaban los peores delincuentes de todo, Nate y Tamsyn. ¡Cómo se atreven a seguir estando tan locos el uno por el otro después de todos estos años! "Eso debería ser ilegal”, gruñó ella. Y ni siquiera quiso pensar acerca de Vaughn y Faith. En lugar de ello, decidió ir a correr.

Una hora más tarde, y lo suficientemente profundo en el bosque, territorio de la manada, ella no podía escuchar nada más allá que los susurros cautelosos de las criaturas nocturnas moviéndose en la oscuridad, se sentó en el tronco de un árbol caído y aguantó la respiración. La verdad era que ella no estaba enfadada con ninguno de los centinelas o de sus compañeros. Maldita sea, ella estaba tan locamente feliz por ellos que dolía. Pero también estaba celosa. Ahora todo el mundo tenía pareja. Excepto ella.
“Vale”, murmuró. “Lo admito. Soy un gran viejo bebé celoso.”
Ser una mujer dominante no era una cosa mala en la sociedad cambiante. Las mujeres Alfas eran tan comunes como los hombres. Pero ser una hembra dominante en una manada de leopardos donde ninguno de los machos la atraía, era malo. Y ser una hembra dominante en un estado controlado por leopardos y lobos, en los que solo el lado equivocado empujaba sus botones era un extra para saber que todo estaba mal.
No es que ella se limitara a su territorio, Dorian la había incitado a que fuera a otros territorios, a ver si podía encontrar a alguien en alguna otra manada, pero ella no podía, no se atrevía a salir de DarkRiver , no cuando las cosas eran tan arriesgadas. Claro que, la vida se había calmado un poco después del intento fallido de secuestrar a Ashaya, la familia de Dorian, pero era una calma tensa.
Todo el mundo estaba esperando la próxima onda en el estanque, ya sea que viniese del Consejo Psy, sospechosamente tranquilo o la Alianza Humana, unos nuevos violentos de los que se sabía poco.
Eso estaba seguro.
Como un centinela de DarkRiver, ella debía tener en cuenta su estrategia de defensa, elaborar posibles escenarios. En cambio, iba tan loca por la necesidad que no podía pensar en nada más que no fuera la fiebre en su cuerpo, el hambre en su garganta, los zarpazos que sentía en cada célula, en cada respiración.
El contacto íntimo era necesario para el alma de su depredador, como el bosque al que ella llamaba casa, pero las cosas no habrían estado tan mal si ella no hubiera tenido que lidiar con el impacto de una conversación con la sanadora de la manada, Tamsyn, unos días antes.
“hay una gran posibilidad de que siga sin emparejarme.”
“tú no puedes saber eso.” Había comenzado a decir Tammy, líneas de expresión surcaban su frente. “Podrías…”
“No es eso. Yo no podría estar con nadie, tú sabes lo que pasaría.”
Tammy inclinó la cabeza con gesto renuente. “Las posibilidades para las hembras son mayores que para los machos dominantes. Eso no significa una incapacidad para… encontrar un compañero.”
Y eso era lo peor de todo, pensó Mercy. Puede ser que ella deseara un compañero con todo su ser, pero si se presentaba, y él era fuerte, no tendría un compañero de mierda, aunque supiera que lo necesitaba, se negaría a reconocerlo al nivel necesario para un emparejamiento de verdad. O el enlace de pareja probablemente dominara y lo tomase como amante… pero si el leopardo de ella se negaba a aceptarlo, ella vagaría durante meses, volviendo a él solo cuando ya no pudiese luchar contra la necesidad. Y lo expresaría de esa manera, a no ser que su compañero resultara ser débil y sumiso, nunca le había atraído nadie de ese como, así que era obvio que él iba a tratar de dominarla. “No necesito un compañero.” murmuró, mirando el brillante círculo de la luna de otoño. "Pero, ¿puede ser que me envíen un hombre sexi y fuerte para bailar? ¿Guapo? ¿Por favor?” "
No tenía un amante desde hacia cerca de ocho meses, y estaba empezando a dolerle a todos los niveles. “Ni siquiera tiene que ser inteligente, solo bueno en la cama.” Lo suficientemente bueno para quitarle la tensión de su cuerpo, que le permitiese funcionar de nuevo. Porque el sexo no era simplemente placer para un gato, para ella se trataba de afecto, de confianza, y sobre todo lo bueno. “Aunque en este momento, me gustaría tener sexo caliente del normal.”
Fue entonces cuando Riley salió de las sombras. "¿Tienes una picazón, gatita?"
Moviéndose, ella entornó los ojos, sabiendo que él se había quedado a favor del viento deliberadamente con el fin de acercarse sigilosamente a ella. “¿Espiando?”
“¿Cuándo estas hablando lo suficientemente alto como para despertar a los muertos?”
Ella juraría que podía sentir el vapor saliéndole de las orejas. Todo el mundo pensaba que Riley era tranquilo, práctico, conectado a la tierra. Sólo ella sabía que a veces se deleitaba molestándola tanto como le fuera posible.
"¿Qué quieres?" Fue un gruñido salido desde el corazón tanto del leopardo como de la mujer.
"Fui invitado a la ceremonia de pareja de Dorian" Sonrió lentamente mofándose de ella. "Es bastante difícil pasar por alto que estás ardiendo. Y no me estoy refiriendo a tu pelo.”
Sus ojos se detuvieron en los largos mechones de color rojo que le acariciaban los pechos. Mercy no se avergonzaba fácilmente, pero ahora, sus mejillas ardían. Porque Riley sabía que ella estaba en celo, ¡Como un maldito gato salvaje!, también lo sabían el resto de su propia manada. “Entonces cuando me seguías… ¿Esperabas que bajara el listón y me acostara con un lobo?” Ella expresó la palabra ‘lobo’ con un sonido tan apetecible como si hubiera dicho ‘reptil’.
La mandíbula de Riley estaba apretada bajo la sombra de una barba un tomo más oscuro que el castaño de su cabello. “¿Quieres poner tus garras en mi gatita? Vamos”
Sus manos se crisparon, realmente la mayor parte del tiempo ella no era ninguna perra, pero maldita sea, Riley tenia una manera de encender su mecha. “Lo siento, yo no golpeo a cachorros indefensos.”
Él se echó a reír.
Ella le susurró. "¿Qué es tan gracioso?"
" Los dos sabemos quien es el dominante aquí, y tú… no lo eres.”
Eso lo hizo. Ella era un centinela. ¿Y qué si él era un teniente? Eso no cambiaba el hecho de que ella ocupaba el mismo lugar en los DarkRiver que él en los SnowDancer.
El lobo había cruzado una línea muy definida, y ya que ella no podía tener relaciones sexuales, se conformaría con un poco de violencia. Sintiéndose más que un poco salvaje, se abalanzó sobre él.
Riley estaba listo. Él tomó la patada en el muslo, pero sin retroceder, detuvo el golpe con una sola mano.
Ella ya estaba cambiando, cayendo en la siguiente posición, lista para tomar ventaja de cualquier vulnerabilidad. Él bloqueó cada uno de sus movimientos, pero no hizo ninguno de los suyos. "¡Lucha!" Gritó. Necesitaba un buen y sudoroso entrenamiento, tomaría algunos de los borde de su desgarradora furia. Su bota conectó con sus costillas. Oyó un gruñido y sonrió. "¿No somos tan rápidos, lobito?”
"Yo estaba tratando", dijo, bloqueando la siguiente serie de golpes con los brazos, "de no hacerte daño."
"No soy una maldita princesa", murmuró, apuntando a la parte más vulnerable del cuerpo de un hombre, sí, sí, eso no era justo, sin embargo Riley lo había pedido.
"¡Maldita sea, Mercy!" Él le agarró el pie que había estado a punto de conectarse con su entrepierna y la volcó. Sin esfuerzo. Ella estaba jadeando cuando se dio cuenta exactamente de lo mucho que él se había estado reteniendo, se retorció en el aire y calló fácilmente sobre sus pies.
“Te voy a dar una cosa,” dijo él agachándose frente a ella, girando en círculos el uno del otro. “sabes como moverte… gatita.”
La adrenalina le atravesó, un fuego caliente, líquido. "Mejor que un perro pastor que salta en marcha.” Ella mantuvo su tono uniforme, pero estaba sudando bajo la té del vestido ceñido que se había puesto para el baile, su corazón latía a un ritmo más rápido. “Garras”, dijo ella, y fue la única advertencia que le dio cuando se acercó. Ella ni siquiera lo vio venir. En un momento estaba a punto de destruir su rostro, está bien, sólo unos cuando aruñones, no se trataba de una lucha a muerte, y al siguiente segundo ella estaba de espaldas en la tierra, con sus muñecas apoderadas por él en un puño fuerte.
"Ooomph." Todo el aire se precipitó fuera de ella cuando el cuerpo de Riley la aplastó debajo de él en el suelo. El hijo de puta era puro músculos sobre unos huesos sólidos.
“Ríndete.” Su nariz estaba casi tocando la suya.
“Tu ganas”, ella sonrió al chocolate de sus ojos oscuros “Acércate más.”
“¿Para que me puedas morder?” Un destello de dientes. "Primero ríndete, luego me acercaré.”
“Por nada del mundo.” Dijo. Ella estaría reconociendo su dominio, al menos para esa noche.
“Entonces, supongo que tengo que hacerlo.”
“Inténtalo.” Sonriendo, ella fue a por su garganta y casi lo tenía, cuando con un movimiento que era del todo ilegal, él la viró dejando su parte delantera en el suelo, sus muñecas aún estaban atrapadas en su puño de hierro, las subió encima de su cabeza.
“Tramposo.”
"Lo dice la mujer que intentó patearme las pelotas y la garganta", señaló él, mientras le lamia la sal de la piel del cuello en un movimiento perezoso y altamente provocativo.
"Yo voy a matarte." Fue más un silbido que un sonido. Él le mordió. En el lugar suave y sensible entre el cuello y el hombro. Ella sintió que se estremecía todo su cuerpo desde adentro hacia afuera en un alarde de dominio. "Ya está bien." Su voz salió ronca, nada que ver con el rechazo que ella quería sentir.
Él tomo su boca “Te he marcado.”
“Eso es para los lobos de mierda. Yo soy un felino.”
“Tú aún estas atrapada debajo de mí”. Él le acarició el cuello. “Y… hueles a caliente, húmeda y lista.” Su voz estaba cayendo, y ella con el lobo.
El calor entre sus muslos se estaba convirtiendo en un pulsante ritmo de batería. Su estomago se retorció en una ola de necesidad. Dios tenía hambre, hambre sexual. Y Riley le estaba quitando su irrompible control. En ese momento al leopardo no le importaba que él no fuera un felino. Sólo le importaba que él era fuerte, sexi y la excitaba.
Se encontró presionando su cuerpo contra él sin darse cuenta, rozando, tentando, invitándolo “Si se lo dices a alguien, voy a trinchar tu corazón.”
“Hablar no es en lo que estoy interesado en estos momentos.” Le liberó las manos, y dejó que su girara sobre la espalda... sólo para empujar sus muslos y presionar su erección firmemente contra ella.
Era todo lo que podía hacer por no gemir en voz alta.
Él se levantó en sus brazos, miró hacia abajo con los ojos que habían pasado a ser los del lobo, unas pupilas negras rodeadas por un anillo ámbar que hacia eco a través del resplandor de la noche. “¿Cómo de duro?” Su sexualidad era una fuerza primaria que se estrellaba contra su piel.
“Duro” Ella quería ser marcada, que la utilizara hasta quedar en un estado de coma por el placer. Y quería hacerle lo mismo a él. Puso en su el pelo espeso y sedoso que le acaba de hacer cosquillas en su pecho. Ella bajó su cabeza y lo besó, un gruñido resonó del final de su garganta. Él puso una mano en su garganta, apretando ligeramente. “Compórtate.”
En esta ocasión ella le mordió. Un gruñido se vertió en su boca cuando Riley Kincaid cedió a su lobo y le mostró exactamente por que era un teniente de alto rango en los SnowDancer. Su camiseta estaba en pedazos antes de que ella pudiera parpadear, el sostén se había ido un instante después de eso. Su mano se apretó en las curvas redondeadas de su carne desnuda, y cuando, separó sus labios de los suyos para moverlos hacia abajo, supo que iba a sentir los dientes.
Lo que ella no sabía es que Riley le chuparía los pezones como si fuera su merienda favorita antes de hundir los dientes fuertemente en su delicada carne. Su espalda se arqueó en el piso del bosque, ella se apoderó del calor resbaladizo de sus hombros. ¿A dónde había ido su camiseta? No importaba. Lo único que sabía era que sentía la hermosa piel masculina en sus manos, y ¡oh, se sentía bien!
Haciendo caso omiso de su gruñido, él quitó la cabeza de su pecho y subió a sus labios de nuevo. Para ser un lobo, Riley tenía una boca hermosa. Ella había deseado pellizcar esos labios desde hacia meses. Y así lo hizo. Luego deslizó sus labios por su mandíbula y las cuerdas de su cuello. Sal, hombre y lobo.
Lobo. Enemigo
Su gato gruñó de nuevo.
Pero el gruñido fue enterrado por el calor. Él sabía bien. Cuando terminó, él quitó mano de su cintura y la subió por la longitud de su pelo, le arrastró la cabeza para otro beso, ella no protesto. Era tan salvaje como él.
Primero fue húmedo, profundo y cubierto con una promesa sexual en bruto, sin tabúes. “ahora…” le ordenó ella cuando se separaron, su cuerpo vibraba cada vez más fuerte por la necesidad.
“No” Él se deslizó por su cuerpo y de repente su ropa interior ya no estaba. Sintió el beso de unas garras contra el interior de sus muslos y sabía que lo había hecho a propósito. No hubo dolor, ni siquiera fue un toque real. Sólo una pista. Lo suficiente para recordarle a su gato que podía llevarla. Más que suficiente para empujar su excitación a la estratosfera. "Maldita sea lobo." Le salió una maldición ahogada.
Le separó los muslos con sus manos fuertes y callosas y puso su boca sobre ella. Ella gritó. Al parecer a Riley no le gustaba hacerlo lento y fácil. Le pasó la lengua en trazos duros y firmes, aspirando después de cada pasada.
El orgasmo desgarró a través de ella tan ferozmente que sabía que sus músculos protestarían por la mañana. Él continuó con la boca, con los dientes, ella pudo sentir que su cuerpo se apretaba de nuevo después de un interludio ridículamente corto. Pero ella quería algo más que otra explosión de placer. Agarrando sus hombros, lo levantó, sabiendo que no hubiese sido capaz de hacer si él no hubiese cooperado. En efecto, eso la hubiera molestado en cualquier otra situación. “Hazlo, lobo.”
Él puso una mano en su peli, tirando de su cabeza hacia atrás. “¿Cuál es mi nombre?” Ella le aruño un sendero por la espalda. Él no hizo una sola mueca de dolor. “Mi nombre gatita, di mi nombre.”
“señor Palo de barro, por abreviar.” Dijo ella mientras empujaba contra su erección cubierta de algodón, la rugosidad de la tela daba una sensación exquisita. A ella le hubiera gustado más con la piel desnuda, pero él no hizo ningún movimiento. “Dilo, o no tendrás ninguna polla hoy.”
Su boca se abrió. “Que te jodan”
“Sabes que eso lo haremos en breve.” La besó de nuevo, enredando la lengua y los dientes, con el indómito poder masculino. “Ahora…” Se meció en su contra, haciéndola sentir el calor pesado y oscuro de lo que podría tener. “¿Cuál es mi nombre de mierda?”
Era tentador seguir enredando con él, pero su piel estaba cubierta de sudor y él era grande y salvaje y delicioso sobre ella. Y ella lo quería. Ahora. “Los hombres y sus egos", murmuró, sólo para cabrearlo un poco. "Hazlo ahora, Riley. O me buscaré a otro." Él le sostuvo la cabeza por un largo segundo antes de bajar su rostro al de ella, esos ojos ámbar diciéndole exactamente que estaba que estaría dentro de ella en ese momento. “¿Qué dijiste?” Él dijo las palabras tranquilamente. Ella se agarró de su espalda de nuevo. Esta vez, el lobo le gruñó, y los siguientes minutos fueron una furia de ropa desgarrada y besos, gritos de placer mezclados con gemidos. Y de repente, él estaba desnudo encima de ella. Fuerte, caliente, hermoso. Ella se levantó contra él, sintiendo que sus ojos pasaban a los del leopardo cuando él puso una mano en su muslo para sujetarla y le daba un golpe con la longitud de su excitación. Ella fue a agacharse, pero él le gruñó. Normalmente, ella habría gruñido también, pero él la hacía sentirse condenadamente bien. Así que ella envolvió su otra pierna en torno a él y metió las manos en su pelo, meciendo su cuerpo hacia arriba. "Te quiero dentro de mí." Él comenzó a empujar. Ella contuvo el aliento. El hombre era duro como una roca y lo suficientemente grueso como para que sus músculos se extienden hasta el borde del dolor. Ella se estremeció. "Más".
Él le tomó la palabra, metiéndose en ella con un enfoque lento, intensamente erótico, en los músculos interiores tenía espasmos por el éxtasis, incluso antes de que él estuviera completamente en su interior. Luego él se dejo ir y fue algo que ella nunca había sentido en su vida. Pero él le dio sólo unos pocos segundos para acostumbrarse a antes de que tomara sus labios una vez más, mientras su cuerpo se estrellaba contra el de ella una y otra vez, con un poder que su leopardo glorificaba. Lobo o no, este hombre sabía moverse. Ella se movió con él, besándolo, pasando sus manos sobre su cuerpo y mordiéndolo. La mantuvo clavada en la tierra, como si supiera hasta que maldito punto necesitaba un buen paseo, duro. Cuando ella legó al orgasmo, lo hizo con un grito agudo, apretando el denso calor de él. Solo pudo ver una ráfaga de estrellas detrás de sus ojos. Las luces continuaron parpadeando incluso después de regresar a la tierra. Riley estaba todavía caliente y la despertó, moviéndose con poderosos impulsos, sin pedir disculpas la volvió a llevar a lo alto en un momento.
En esta ocasión ella le mordió el cuello al lobo, y finalmente, lo empujó sobre el borde.

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